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Mount Baker

// Enero 5th, 2010 // No Comments » // Deportes, Gente, Internacionales, fiesta

El sábado me desperté a las seis y algo de la mañana. Desayuné, llamé a casa y me empecé a vestir.

Al rato José tocó a la puerta. La dejé pasar mientras me acababa de vestir. Decidimos que no nos íbamos a llevar el paquete de Doritos porque si la que los llevaba se caía, todas las patatillas se convertirían en polvo.

Cuando estuvimos listas llamamos a la puerta de Björn. Él y Oskar seguían desayunando a su ritmo. Increíble. Nos mandaron a despertar a Henrik que según ellos, seguro que se había quedado dormido. Cuando llegamos a la puerta de Henrik casi nos chocamos con él, que salía ya, con todo listo. Bajamos otra vez. Oskar y Björn estaban comiendo plátanos y Oskar nos enseñó que tira las pieles de plátanos por el balcón. Para que luego os parezca mal que tirara la calabaza de Halloween por el balcón.

Al fin salimos de ese apartamento y nos metimos en el mini coche. Ya habíamos probado si cabíamos y metido los esquís y snowboards el día anterior así que ya sabíamos como colocarnos. Primera parada la gasolinera. Cinco dólares por persona y empezamos el viaje. Música reggae de parte de Björn, que había hecho el CD a propósito para el viaje, los esquís atravesando el coche… y al rato, nieve al otro lado de la ventana.

Les hice esa foto desde mi sitio al otro lado de los esquís. Cuando digo que los esquís atravesaban el coche, no exagero.

Esta la hizo José. Es el genial paisaje que veíamos de camino a Baker.

A la mitad decidimos parar a por café. Entramos en una tienda que tenía una parte de cafetería. Mientras estábamos en la cola Björn cogió unos periódicos. Al ir a pagar, repitió el tipo de café que había pedido y la chica le dijo: ‘Y los periódicos, ¿no?’. Björn la mira, mira los periódicos y salta: ‘¡Ah no! ¡Pensaba que eran gratis!’ Esos no lo eran. La chica le dijo que había algunos gratis al final de la tienda pero Björn dijo que daba igual.

Nos sentamos en una mesa a esperar que los chicos fueran al baño. Había una cola enorme para el baño de chicos y NADIE en el baño de chicas. Increíble, lo sé. Cuando por fin acabaron, volvimos al coche. Mi puerta del coche estaba un poco mal y había que hacer mucha fuerza tanto para abrir como para cerrar. Sobre todo para abrir. Y ya el más difícil todavía es abrir con un café en la mano. Se salió un poco de café pero casi nada. Entramos al coche, me puse el cinturón haciendo malabares. Primera curva, el café saltó desde dentro del vaso, por el agujerito de la tapa típica de Starbucks y cafés para llevar en general y acabó en mi ojo y en otros lados de mi cara. Qué risa. Menos mal que habíamos cogido bastantes servilletas.

Por fin llegamos a las pistas. Aparcamos en un muy buen sitio y justo después aparcó otro coche detrás de nosotros. Björn le dio las gracias porque ‘no nos fiamos mucho del freno de nuestro coche’. El chico se río pero estoy segura de que no le debió hacer mucha gracia.

Hora de ponerse las botas. Horrible. Una me la puse muy fácil. La otra no había manera. Al final Oskar me ayudó a ponérmela y me la puso súper apretada. Pero ya estaba puesta. Cogimos los esquís y empezamos a caminar hacia la cola para comprar las entradas. Había cuatro o cinco ventanillas. Una de ellas era sólo para pagar en efectivo y estaba vacía. Imaginaos, ¡todo el mundo llevaba tarjeta! Yo llevaba dinero en efectivo así que tuve mi entrada sin hacer cola. Me dieron una pegatina y fui a ver a los demás. Björn me dijo que se me había olvidado recoger una cosita metálica donde pones la pegatina para que cuelgue de la cremallera de tu chaqueta. Estaba claro que soy una profesional de la nieve. Cuando ya estábamos listos nos hicimos una foto.

Y empezamos a esquiar. Yo, evidentemente, era la última, aunque no me llevaban mucha ventaja. Lo malo es que si ellos decían: ‘coge velocidad’, yo decidía que prefería ir despacito y luego me quedaba a la mitad de las cuestas hacia arriba. Un desastre. Cogimos un telesilla. En Mount Baker los telesillas no tienen ni la barrita de delante para que no te caigas ni la barra para apoyar los esquís. Hasta a José le pareció una locura. En el telesilla de delante iban Björn y Oskar y en el de detrás Henrik, José y yo. Yo en medio. De repente, se paró. Estuvimos un montón de tiempo parados y Henrik empezó a valorar la idea de saltar del telesilla. Yo le pedía que no lo hiciera porque sin barritas ni nada, el telesilla se movería mucho y ya me veía en el suelo también. Vimos como Björn y Oskar también sospesaban la idea. Al final nadie salto, menos mal. La máquina empezó a moverse y se volvió a parar.

En fin, al final llegamos arriba, bajamos del telesilla y empezamos a bajar la montaña. Os recuerdo que yo era la más lenta y José iba bajando trozos y esperándome. De repente me pareció que iba demasiado rápido. Me asusté,  me salí del camino, los esquís tropezaron con algo, volé a lo Superman y acabé sin los esquís y con la cara enterrada en la nieve. Intenté levantarme pero mis brazos se hundieron en la nieve. Cuanto más intentaba salir, más me hundía. José estaba un poco más abajo mirándome y preguntándome si estaba bien. Bien estaba, pero no conseguía salir de ahí. Al final apareció un chico con un snowboard y me dijo que lo cogiera por el otro lado y me sacaría de ahí. Me agarré con todas mis fuerzas y agradecí que José me hizo comprar guantes de nieve porque me hubiera hecho mucho daño si no. Salí del montón de nieve en polvo y otro chico apareció con mis esquís en sus brazos. Gracias, gracias.

Así acabé:

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Sí, lo de detrás es parte de la cuesta por la que me caí.

Cuando llegamos abajo los chicos ya estaban haciendo cola en otro telesilla y nos colaron. Subimos y más de lo mismo. Mucha velocidad, me asusté, salí del camino y esta vez fue mucho peor. Tenía una de las piernas completamente enterrada en la nieve. Aun así no podía parar de reír. No sé cómo conseguí salir, pero lo hice. Cuando llegamos abajo ya no encontramos a los chicos. Así que al final decidimos ir solas y toda la mañana fue igual, yo me caía, me caía y me volvía a caer. La última vez que me caí esa mañana me hice bastante daño porque del impacto reboté. Además mis esquís se quedaron a la mitad de la cuesta y como esta vez era bastante empinada, nadie iba a velocidad suficiente como para pararse y recogerlos por mí. Tuve que gatear hacia arriba. Cuando los tuve los cogí fuerte y empecé a intentar dejarme caer por la cuesta pero resulta que o bien la nieve no resbala o los pantalones de nieve no te dejan resbalar. Un desastre. Al final decidí volver a ponerme los esquís. José decía que tenía los dedos de los pies congelados y que necesitaba ir al restaurante.  Me enseño a deslizarme con los esquís en vez de esquiar de verdad. Estuve haciendo eso un buen rato y diciéndole: ‘esto se parece más a hacer snow, ¡debe ser que lo mío es el snow!’. Y ella: ’sí, se ve que sí’. Yo le decía: ‘Esto es muy difícil. Nos hemos metido en una pista complicada.’ Y ella me decía una y otra vez que no. Luego me dijo: ‘¡Ana! ¡Ya casi estamos! ¡Mira lo que has hecho!’. Me di la vuelta y casi me muero de lo empinada que estaba la cuesta que acabábamos de hacer. Me dijo que había sido una cuesta bastante difícil y yo la maté por decirme que no lo era cuando sí que lo era. Pero a la vez estaba muy orgullosa de mí misma.

Cuando por fin llegamos al restaurante, el sitio estaba lleno. Subimos al piso de arriba y vimos a unos que se iban. Perfecto. Nos sentamos ahí y agradecimos haber traído comida de casa. José me dio el sandwich de Nutella que me había preparado. Sí, me sentí muy mimada y muy bien. Al rato conseguimos hablar con los chicos y vinieron a comer con nosotros. Björn tenía galletas para todos y nos dijo que nos sentarían genial. Durante la comida le envié un mensaje a Chelsea y otro a Kaylee y acabé quedando con Chelsea para ir a cenar sushi y que me desmotrara que el sushi bueno, esta muy bueno. Se lo dije a los otros pero no querían venir.

Todos se desabrocharon las botas pero yo no lo hice porque ya me había costado bastante esfuerzo atarlas. Cuando nos íbamos le dije a Björn que no me las había soltado y me dijo que me las soltara de camino a los esquís, que él me ayudaría a atarlas. Y la verdad es que me las ató mucho mejor. También me dijo que después de comer iríamos juntos él y yo y así José podría ir con los otros y pasarlo bien. Resulta que Björn ha sido profesor de esquí durante 9 años. Nos subimos a un telesilla, José, Oskar y Henrik empezaron a bajar y Björn me dijo que bajara delante de él. Bajé un trozo, me dio unas indicaciones. Bajé otro trozo, ¿dónde está Björn? Empecé a darme la vuelta para ver si estaba detrás mío y acabé en el suelo de nuevo.

Después de bajar dos veces con Björn, les dije a todos que podían ir juntos a una negra y yo volvería a hacer la azul. Hice la pista más fácil de las dos que habíamos hecho aunque no tenía muy claro que fuera más fácil y tuve que preguntarle a una chica que me dijo que sólo había hecho la de la derecha (la fácil).

Cuando me reencontré con ellos Björn me preguntó si había hecho la de la izquierda y le dije que no, que iba sola y prefería hacer la más fácil. ¡Porque la de la izquierda era bastante difícil! Lo bueno es que al saber que Björn fue profesor de esquí, iba súper tranquila.
Todos me dijeron que había mejorado muchísimo. Al final nos volvimos a separar, los chicos fueron a hacer alguna locura como esquí fuera de pista y José y yo otra pista azul. Nos hicimos fotos y demás y fuimos bajando. La pista era entre árboles. ¡Muy guay! Una chica me preguntó algo de las pistas y yo le dije que le preguntara a mi amiga que se enteraba más. Y sí, José le contestó sin problemas.
Cuando llegamos al parking, llamamos a Henrik y en broma le dije que estábamos donde habíamos comido. O sea, bastante lejos teniendo en cuenta que las pistas cerraban ya. El pobre chico se empezó a hacer un lío y al final le pasé con José.
Mi gemela, José, y yo empezamos a ir hacia el coche y una chica nos paró para preguntarnos si podíamos llevarla a un sitio que estaba muy cerca de ahí. Le dijimos que estábamos con el coche lleno pero que si se quería estrujar que igual podíamos hacerle un hueco. El único hueco que José le ofrecía era que se sentara apretujada conmigo ya que ella iba apretujada con Henrik. La chica nos dijo que buscaría otro coche pero que si no encontraba nada vendría con nosotros. Al rato nos la encontramos otra vez y nos dijo que había encontrado otro coche. Mejor.
Llegamos al coche y empezamos a hacernos fotos, guerra de bolas de nieve, ángeles (José no sabía lo que era un ángel y eso que va a esquiar cada año), intento de muñeco de nieve… más guerra de bolas de nieve… muy, muy divertido.

Al rato aparecieron Björn y Oskar, les preguntamos dónde estaba Henrik y nos dijeron que como le habíamos dicho a Henrik que estábamos donde habíamos comido, estaba buscándonos. Al final apareció. Nos metimos en el coche y se les ocurrió la genial idea de pararnos en un sitio italiano a picar de un plato que incluía queso, lomo, aceitunas y demás embutidos. Estaba muy bueno pero todos estábamos muy, muy cansados.

Luego decidieron que tenían que ir a pagar al señor que les alquilaba la caseta donde iban a pasar año nuevo. Yo estaba preocupada porque iba a llegar súper tarde a lo de Chelsea y no tenía cobertura. Cuando conseguí cobertura le envié un mensaje a Chelsea que me contestó diciendo que ella también llegaba tarde. Mucho mejor.

Llegué a casa, me duché corriendo y me vestí. Chelsea no paraba de meterme prisa. Cuando estuve lista fui a casa de Kelly y las tres fuimos al sitio del sushi. La verdad es que lo que comí estaba buenísimo. Eso sí, algunos trozos tenían cola. Y eso no me hacía mucha gracia. Pero esos trozos se los comió Chelsea, que también me dio dos trozos de lo que pidió ella. La verdad es que elegir lo que quería fue bastante difícil ya que Chelsea decía que todo estaba buenísimo.

Salimos del japonés y llovía. Yo era la única que llevaba un abrigo con capucha. Kelly nos contó esa noche que iba a intentar quedarse más tiempo.

Llegamos a Birnam Wood, Chelsea volvió a su casa para dejar el coche. Hicimos una mini prefiesta y fuimos todos a Rumours. Sara, la sueca, estaba esperándonos en la puerta porque había estado con otros pero cuando fuimos a entrar le dijeron que, evidentemente, sin pasaporte no iba a entrar. Se enfadó muchísimo porque los demás entramos pero ¿hola?: estamos todos juntos, venimos de Birnam Wood en el último bus para salir, si tú eres la única que, además de que nunca sale con nosotros, te dejas el pasaporte el único día que decides que te apetece vernos, no vamos a quedarnos contigo.

De los que fuimos a esquiar solo Henrik se apuntó a salir. Fue una noche muy divertida aunque todos dijeron que estaban muy cansados y se fueron yendo a casa. Chelsea y yo nos quedamos un montón de tiempo hablando hasta que ella preguntó por qué seguíamos en Rumours si lo único que hacíamos era hablar. Así que fuimos a su casa a ver la súper fiesta disco que había ahí. Sí, súper, súper fiesta. Al más puro estilo fiesta en casa de Chelsea. Nosotras nos sentamos en la escalera a seguir hablando y hablando hasta que pensé que Chelsea se iba a quedar dormida ahí en medio y le dije que me iba a casa. Me llamó a un taxi y me acompañó hasta él. Adivinad quién era. ¡El taxista del día anterior! El que nos recogió a José, Celine y a mí. Me dijo: ‘Hola Ana, ¿qué tal Mount Baker?’. Increíble. Estuvimos hablando todo el camino a casa de Mount Baker, de los turnos que prefiere hacer y de que los taxistas cobran el sueldo mínimo más propinas. Luego llegué a casa y me fui directa a dormir.

Boulevard Park

// Diciembre 13th, 2009 // No Comments » // Fairhaven, Internacionales, Residencia

El jueves fui a clase de frisbee como siempre, luego me duché, comí y me puse a hacer deberes. El viernes teníamos que entregar una parte del proyecto de una clase así que habíamos quedado que estaríamos al tanto de los emails y así no tendríamos que quedar.

Aproveché para enviarle un mensaje a Chelsea por facebook recordándole que dijo que saldría con nosotros esa noche.

Después me puse a trabajar.

Más tarde se conectó Chelsea y estuvimos hablando del concierto de Tegan and Sara, de que soy la administradora de Tegan and Sara Spain y de que necesitaba alguien con quien ir al concierto. Por lo visto a Chelsea le encantan Tegan and Sara. ¡¡Así que vamos a ir juntas al concierto!! Además me llamo badass. Ja. No sabría traducirlo exactamente.

Al cabo de un rato oigo mi nombre por la ventana:

- ¡¡Ana!!

- ¡¡Björn!!

- ¿Vienes a tomar café?

- No, tengo que estudiar.

- ¡Nosotros también! Sólo vamos a por café y volvemos.

- No sé…

- Sin ti no será tan divertido.

Convencida. Además íbamos en coche. En el coche de Austen pero no el Volvo amarillo y desastroso. Uno azul, algo más nuevo. “Del 87, tu año”. Dijo Björn. Pero no, yo soy del 88. Soy más joven que ese coche.

Éramos Martin, Henrik, Björn, Austen y yo. Cuando pasamos por la parada de bus, vimos a Oskar y Austen hizo el amago de pasar a recogerlo y luego se fue. No oímos a Oskar pero estamos seguros de que nos llamó de todo.

Llegamos a Boulevard Park. Es un parque en Fairhaven, por lo visto todo el mundo había estado allí menos yo. Es muy, muy, muy bonito. En el parque hay una cafetería muy acogedora, de madera, con su chimenea y demás. Tiene mesas y sofás dentro y mesas en el exterior.

Salimos con los cafés y nos encontramos con Celine y José en las mesas de fuera. Estaban estudiando ahí. Nos sentamos todos juntos y tomamos los cafés. Luego decidieron que teníamos que ir a la tienda de esquís y snowboards de Fairhaven porque Björn y Oskar se habían comprado esquís nuevos y los habían llevado ahí para que le pusieran la parte donde encajas la bota.

Estuvimos ahí mirando cosas de esquís, Björn, Henrik y Austen se volvían locos. En esa tienda también venden bicicletas. Bicicletas de más de mil dólares.

Decidimos que íbamos a ir a esquiar el sábado, nos las ideamos para meter los esquís en el coche y volvimos a Birnam Wood.

Le estuve diciendo a José que si quería que fuera a esquiar teníamos que ir a comprar y alquilar todo lo que necesitábamos. Por otra parte, Christian, Murat y Alex iban a Seattle ese fin de semana. Estuve preguntando si alguien quería ir y sólo Kelly se apuntaba. Pero con tan poca gente Kelly estuvo conmigo en que no valía mucho la pena así que no fue muy difícil decirle que no iría a Seattle al final.

José me dijo que al día siguiente iríamos al centro comercial. Y me fui a dormir.

Volvo 144

// Noviembre 19th, 2009 // No Comments » // Internacionales, Prácticas, Residencia, clase

El lunes me desperté, metí las dos libretas (uso una libreta para las tres asignaturas de la mañana y otra para la de la tarde), el libro de la asignatura de por la tarde, la calculadora y demás en mi bolsa y me fui a clase.

Durante la segunda clase, Algoritmos, un chico le dijo al profesor que la práctica ponía que se tenía que entregar la semana que viene. Genial. El profesor se había equivocado y ahora íbamos a tener tres semanas para hacer la práctica. ¡Bien! Aunque a la vez me supo un poco mal por él que se había equivocado de día. Yo ni me había dado cuenta y si no lo hubieran dicho en clase hubiera entregado la práctica el miércoles.

La tercera clase fue como siempre y luego fui a comer en una cafetería del campus mientras intentaba hacer los deberes que tenía para la tarde. A las dos y veinte había quedado con Rocky y Jaimee para hacer la práctica de Algoritmos pero Jaimee no había ido a clase así que no estaba muy convencida de que apareciera más tarde.

Mientras comía apareció una chica:

- Hey. ¿Estás haciendo OPS?

- Sí…

- Mira yo lo he intentado pero sólo he llegado al apartado C ¡porque todos los demás son muy difíciles!

- Es horrible. Además no entiendo que nos haga leer el capítulo por nosotros mismos y hacer unos deberes.

- Ya… Mira yo si quieres te enseño como he hecho lo que he llegado a hacer. Por cierto, es que ahora va a venir un… amigo y la chica que está sentada al lado mío está estudiando y no quiero molestarla hablando, ¿te importaría cambiarme el sitio?

- No, claro.

- ¡Gracias! Yo te ayudo a mover las cosas.

Me mudé, me enseñó lo que había hecho y siguió pareciéndome que nada en esa clase tiene sentido.

Cuando llegó la  hora recogí y me fui al laboratorio donde habíamos quedado, no encontré a ninguno de los dos y como por la mañana me había bloqueado mi propia cuenta intentando entrar con la contraseña equivocada, decidí subir a arreglarlo.

Cuando llegué al despacho donde te arreglan lo de las contraseñas me encontré con Brooke. Brooke va a mi clase de Software Project Analysis, es súper rara y me dan ganas de abrirle el cerebro a lo Sylar sólo para ver como ve las cosas. Tomar un café también funcionaría pero no es que hable con ella, de hecho, justo esta mañana ha sido la primera vez que he hablado con ella porque me ha oído pedir ayuda sobre lo de la contraseña. Así que me quedo con abrirle la cabeza.

Ella estaba sentada en su mesa, me dijo que el chico no volvería hasta dentro de un rato y que si quería podía ir a ver si estaba el otro en su despacho.

- ¿Sabes dónde es?

- No…

Se levanta sólo para ir delante mío, que estaba dentro del despacho, y me explica que saliendo siga el pasillo y a la derecha. Ya en su día estuve pensando por qué se había levantado para darme las mismas explicaciones que me hubiera podido dar desde la silla. ¡Sobre analizando el mundo!

En fin, Max, el otro chico, no estaba. Así que bajé a ver si habían llegado los otros dos para comprobar que no. Volví a subir y el chico que tenía que estar en el mismo despacho que Brooke ya estaba ahí. Le pedí otra contraseña, me pidió el carnet, comprobó que mi cara era la de la foto (sí, para darme una nueva contraseña) y sin pedirme el nombre de usuario me dio un papel con la contraseña. Vale. Lo habrá sacado de mis apellidos ya que tu nombre de usuario es una combinación de apellido y demás.

Bajé fui a probar la contraseña y no iba. Frustrada volví a subir. Me encontré con Brooke fuera del despacho, le conté que no me iba la contraseña y me dijo que qué raro (ya) y que el chico se había ido a no se donde y había cerrado la puerta dejando las llaves de Brooke dentro.

De todas formas no tardó nada en llegar, le dije que no me funcionaba la contraseña.

- ¡Ah! ¿Estás intentando entrar en Linux?

- No, en Windows.

- Umm… -se sienta en su silla, mira la pantalla- ¿tu nombre de usuario es c e r d…

- ¿Qué? No, no.

Me acerco y le señalo mi nombre. Tengo comprobado que pronunciar mi apellido aquí no tiene ningún resultado positivo.

- Uy… le he cambiado la contraseña a otro…

- ¡Ja! -suelta Brooke.

Me da una nueva contraseña y me voy. Entro en el laboratorio, por fin puedo conectarme y me siento ahí a esperar a que aparezcan los otros mientras intento hacer algo de los horribles deberes de la tarde. Al rato llega Rocky preguntando por Jaimee, le digo que ni idea y se va fuera a llamarla. Vuelve diciéndome que no lo coge. Me pregunta si prefiero seguir con lo que estoy haciendo o que trabajemos en la práctica y yo, me centro en las necesidades del grupo y le digo que podemos trabajar en la práctica.

Al rato aparece Jaimee apurada como siempre, empezamos a redactar la práctica pero la chica la lía haciendo no sé qué y perdemos todo el trabajo. Genial. Yo como tenía clase me voy pronto y ella dice que me enviará lo que haya hecho por la noche para que lo revise.

Voy a clase, le pregunto a Katie si ha hecho los deberes.

- Sí, pero al final me he dado cuenta de que todos mis número están mal y he pensado ¿me importa esta clase tanto como para cambiar los números? No.

- Bien.

Es genial lo “pasota” que es a veces. Puedo preguntarle en cualquier momento si ha estudiado o algo y siempre dirá que no. O que casi nada. O que acaba de empezar (siendo bastante tarde).

El profesor nos dice que vayamos a recoger la confirmación de que me quedo con el 84 del primer examen y de repente alguien me toca el brazo. Chelsea.

- Hey, ¿tienes mi máscara?

- Ay, no.

- Da igual.

- ¿Has hecho los deberes?

- Sí… ¿tú?

- No me salen, son horribles.

Oigo a Katie reírse a mi lado.

La clase es absurdamente aburrida, como siempre esa clase. Y después, como cada lunes, vuelvo en bus con Katie.

Cuando llego a casa me pongo a hacer deberes. Al cabo de un buen rato oigo por la ventana:

- ¡Anaaaaa!

Es algo que siempre hacen y no se dan cuenta de que no veo nada. Fuera esta oscuro y dentro hay luz. Cuando miro a la ventana veo un espejo. Aun así siempre miro.

- ¡Kariiiin!

¿Me ha leído los pensamientos? Voy a abrirle la puerta, la veo un poco desanimada. Dice que tiene mucho trabajo y que casi no tiene tiempo de nada. Le doy un abrazo y aparecen los chicos.

- ¡Austen se ha comprado un coche! -grita Björn

- Y sólo me ha costado 600 dólares.

- ¿Vienes a probarlo?

- ¡Vamos Karin!

El coche es un Volvo 144.

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Tiene 35 años. Para encenderlo tuvieron que abrir el capó porque no se encendía. Karin se alejó en cuanto abrieron el capó y yo me puse detrás de ella. El coche arrancó y los chicos nos dijeron que entráramos. Yo, convencida, de que Karin me seguía entré en el coche para oír a Karin decir ‘¡Adiós Ana! ¡Pásalo bien!’ ¿Qué? Pues sí, Karin se ha ido y me ha dejado con Björn, Austen y Oskar.

Al principio pensaba que daríamos la vuelta a Birnam Wood y volveríamos pero Austen sale de Birnam Wood y conduce y conduce… se pasa el camino emocionadísimo por lo mucho que le gusta el coche y descubriendo cosas rotas que van a tener que arreglar. Los intermitentes no funcionan y tiene que marcar hacia donde irá con el brazo.

Llegamos al parking del puerto y Björn se pone al volante. Da un montón de trompos, acelera y frena. Yo no paro de preguntarme dónde me he metido. Oskar también quiere conducir. Y más de lo mismo pero peor. De repente la batería del coche se suelta. Aparcan y sí, no hay ni un cable conectado a la batería. Sacan la caja de herramientas y se ponen a arreglarlo.

Al rato a parece uno de seguridad, se pone a hablar de coches con nosotros y nos dice que vayamos con cuidado porque algunos estúpidos críos vienen aquí a correr con el coche. Se va y empiezan a llover. Yo no llevo chaqueta porque recordad que sólo estaba hablando con Karin cuando todo se fue de las manos, así que les digo que voy a esperar dentro del coche. Al final lo arreglan, Austen va a sentarse detrás y las puertas no abren. Ni desde dentro ni desde fuera. Las puertas de detrás acaban de dejar de funcionar.

- Baja la ventana que entraré por ahí.

Buen chiste. Las ventanas no tienen manivela. Me pasan una manivela que tengo que enroscar en la puerta para bajar la ventana. La parte de la puerta es exageradamente más grande que la parte de la manivela. Esto no va a funcionar. Austen decide entrar por la puerta de delante.

Oskar empieza a conducir hasta casa y de repente el coche huele un montón a gasolina. Como sólo la ventana del conductor funciona, deciden que lo mejor será ir con la puerta del copiloto entreabierta. Al final el horrible olor te hace toser. Por fin llegamos a casa y Björn me pregunta si quiero ir con ellos hasta la nieve. ¿En ese coche? ¡Ja! Le digo que no, que además de que ese coche me da miedo, casi no he ido a la nieve y ¡no voy a ir un día antes de que abran las pistas!

Entro en casa, pillo a Chelsea conectada y le cuento mi increíble historia. Me pide que no me vuelva a subir en ese coche y luego me dice que he matado neuronas oliendo gasolina. Genial. Con lo que me preocupan mis neuronas. En serio.

Seguí haciendo deberes y a dormir.

Martes de frisbee, café y estudio

// Noviembre 16th, 2009 // No Comments » // Deportes, Gente, Internacionales

Esta entrada va a ser de lo más breve que hayáis leído y, con algo de suerte, que vais a leer en este blog. Ya deberíais haber adivinado que me propongo escribir El Quijote de la Mancha en cada entrada.

El lunes se me olvidó decir que recibí un papel en el correo diciendo que tenía un paquete. Fui al Community Building pero me dijeron que no era ahí, que tenía que ir al Viking Union al día siguiente.

Así que el martes fui a frisbee en bus ya que no iba a poder cargar el misterioso paquete y la bicicleta a la vez. Después de la clase, fui a la parte de correos de Viking Union para que me dijeran que no era ahí, que era en los Mail Services.

- ¿Sabes dónde está?

- No…

- ¿Dónde vives?

- En Birnam Wood.

- ¡Ah! Pues mira -saca un mapa- esto es Birnam Wood, esto es Fairhaven, Buchanan Towers…

- Sí…

- Esto -señala un punto cerca de Birnam Wood y Buchanan Towers- son los Mail Services.

O sea que fui en bus para acabar teniendo que ir a por el paquete al lado de mi casa. Bueno, fui hasta el sitio ese, sentí que estaba allanando una propiedad privada porque no veía a nadie. Al final vi a un hombre y le di mi papel. Me pidió un carnet con foto para comprobar que era yo. Aquí te piden eso en todos lados.

Me dio el paquete y me fui a casa. Lo abrí y me encontré con cuatro toallas nuevas y grandes (no como las de aquí) que me enviaba mi familia, junto a cartas, una revista donde salieron mis padres, la crema que utilizo para el pelo y no encuentro aquí, y chocolatinas Kinder (¡que aquí no venden!). Aun me queda una chocolatina que me da mucha pena comer…

Me duché y estuve haciendo cosas por casa… intentaba estudiar pero el examen sólo iba a contar si sacaba mejor nota que en el anterior, donde ya había sacado un 84 así que lo veía muy caso perdido.

Por la tarde le pregunté a Katie si estaba estudiando y me dijo que no, que estaba haciéndose unos apuntes porque los iba a necesitar para el final igualmente, pero que teniendo un 84… ahí me sentí mucho mejor.

De repente veo que Chelsea está conectada. Le pregunto si está estudiando esperando recibir un no y me suelta que ya se ha leído dos capítulos y que se iba a la biblioteca a leer el tercero y hacerse una guía de estudio.

- ¿QUÉ? ¡Tenías que decir que no estabas estudiando!

Me dijo que a ver si quería ir a la biblioteca con ella, que me lo pensara mientras se duchaba. Yo fui a por mi colada y decidí no ir porque ella estaba estudiando en serio y me sabía mal retrasarla. Pero me quedé deprimida y pensando que soy un desastre.

Cuando volvía con mi colada a casa me encontré con Björn y Oskar. Björn se acerca y me dice:

- ¡Ana! ¿Vives aquí?

- Sí…

- ¡Ahora somos vecinos! ¡Me he mudado aquí!

- Sí hombre.

- ¡Qué sí! ¡Es genial que seamos vecinos! Mira, a partir de ahora, estos golpes -golpea la pared que separa nuestros apartamentos- significan que es hora de tomarnos una cerveza.

- ¡Ja! Vale.

- ¿Tienes algo para moler granos de café?

- No…

- Bueno, pues vamos abajo. Ven a tomar café.

Entré en casa, le dije a Celine que se me había ido la depresión de la cabeza porque Björn se había mudado al apartamento de al lado y nos íbamos al apartamento de Austen a tomar café.

Fuimos, Austen tenía máquina para moler café, cafetera y de todo, para algo es americano. Hicimos el café y me dieron una taza sin azúcar ni leche.

- ¿Quieres leche?

- Sí pero puedo ir a buscar arriba si no tienen mucha aquí. -la botella que me enseñaban parecía estar vacía.

- ¡No! Aquí tienen de todo -y me pone un mililitro de leche.

Austen viene, se pone azúcar y me lo pasa. Bien. Pero el café sigue siendo muy negro. Austen pide leche, Björn le pone y Austen le pide más. Björn le llama nena y acaba poniéndole más.

- Ahora te has pasado, ¡es demasiado!

- Pues no hay más café.

- ¡Yo te lo cambio!

- No, porque estoy resfriado y ya he bebido.

- Yo también.

- ¿Estás segura?

- Sí.

Qué café más increíblemente bueno. Cuando lo acabé volví a casa con energías renovadas para estudiar. Vi a Chelsea conectada y le pregunté si ya estaba en casa. No, estaba en la biblioteca conectada a facebook. Le expliqué que no había ido para no desconcentrarla y me dijo que hubiéramos estado viendo tonterías en internet. Nota para el futuro: Si Chelsea dice estudiar, quiere decir mirar tonterías en internet.

Acabé de mirarme el examen de mañana y me fui a dormir.

Bueno, no ha sido tan corta. Lo admito.