// Octubre 27th, 2009 // No Comments » // Gente, Internacionales, Viajes, fiesta
Este es el más largo que he escrito hasta ahora. Preparaos para más de 2700 palabras o saltaos la lectura de un día lo suficientemente divertido como para producir tantas palabras.
Sólo quiero decir una cosa sobre el viernes. El pueblo donde fuimos a patinar se llama Lynden. Está como a unos 20 minutos o media hora de Bellingham. Es un pueblo religioso y en domingo no hay nada abierto. Los bares cierran el sábado a las doce. Otra curiosidad: el ayuntamiento establece la altura del césped de las casas y si está mas largo, lo cortan por ti y luego te cobran.
Allá vamos.
Me levanté un poco antes de que sonara el despertador. Desayuné, acabé de meter las cosas en la bolsa y le dije a Celine que teníamos que irnos. Ella estaba en Skype y luego iba con prisas, claro.
De camino al parking del Community Building oigo un: ‘Hey guys!’ (‘Hola chicos’ pero se utiliza también cuando estás saludando a un grupo de sólo chicas). Era Melissa. ¿Os acordáis de ella? La conocí en la barbacoa de bienvenida a Birnam Wood, más tarde me regalo una galleta recién hecha y más tarde quedamos para hacer galletas pero al final no pudo ser. Estaba hablando por teléfono.
Llegamos, Grace nos preguntó si habíamos leído el mail que nos envió ella sobre que una de las buddys había dicho que no podía ir a Seattle y teníamos un coche menos. Encima Kaylee nos contó que la chica esta, que por cierto es Sara, la de Alaska que se iba a casar con su novio y tenía un par de anillos muy chulos, no sé si la recordáis, avisó de que no podría venir por email. Imaginaos que Grace no llega a comprobar su email el viernes.
Nos dio una entrada a cada uno y nos separó en los coches otra vez. Al final en el coche de Breanne íbamos Soo, Sara, Meredith, José y yo. El coche de Breanne estaba en el mecánico así que fuimos en el de su padre que tenía un asiento entre el copiloto y el conductor. Como Sara fue de lista y se puso delante la primera de todas, cuando se dieron cuenta de que alguien más tendría que ir delante tuvo que pasarse al miniasiento de en medio. Y yo delante.
Al rato Breanne le preguntó si iba bien y ella le contestó que no, que era muy incómodo y que le dolía la espalda. Aquí sin tapujos eh. Da igual que haya habido problemas y seamos más por coche y aun así estemos dentro de la legalidad, vamos a quejarnos un poco.
Meredith, que vive en Seattle, nos dijo que su madre había dicho que podíamos ir a comer a su casa si queríamos. Sólo teníamos que avisar pronto para que pudiera cocinar chili con carne. Por supuesto. Durante el camino me preguntaron que decían las canciones estas que a ratos hablan en español. Traduje lo que pude pero había trozos que ni yo entendía.
Por fin llegamos a casa de Meredith. ¡Qué casa más bonita! Muy acogedora y toda decorada de Halloween, como buenos americanos. La madre nos recibió abrazándonos a todas. Sara dijo que ella no quería abrazo porque estaba mala. En fin. Nos sentaron en el salón. Tenían un ventanal que ocupaba casi una pared entera. El hermano de Meredith estaba sentado viendo el partido de fútbol (americano) de la Universidad de Washington (que está en Seattle) contra alguna universidad de Oregon.
Estuvimos hablando con la madre y el hermano mientras se acababa de hacer la comida. Fueron muy simpáticos. El hermano de Meredith es investigador de medicina en la Universidad de Washington. Sí, yo también dije ‘wow’. La madre mandó a Meredith a enseñarnos la casa. Su habitación es toda rosa y pequeñita. Hay fotos de los niños por toda la casa (son dos hermanos y una hermana). Por lo visto los chicos estaban en los equipos de deporte en el instituto y Meredith fue animadora durante su último año. Sí, como sacado de un guión de película. Abajo tenían un sótano con instrumentos, muy chulo también.
Nos sentamos a comer, el mantel era de Halloween y se notaba que era el mantel de Halloween de cada año aunque con esto no quiero decir que fuera feo. Nos dio un bol de chili al que le podíamos añadir cebolla, algo que por lo visto se traduce como ‘crema agria’ o queso rayado. Yo le puse queso. Además había hecho pan de maíz. Es parecido a un bizcocho. Toda la comida estaba increíblemente buena. Y la verdad es que sienta genial un poco de comida casera, aunque no sea de tu casa.
Durante la comida la madre de Meredith nos estuvo haciendo fotos, luego nos mando al salón para hacernos más fotos. Después nos fuimos, nos volvió a abrazar a todas, incluso a Sara dijera lo que dijera. Nos metimos en el coche tras admirar la casita que le hizo el abuelo de Meredith a Meredith para que jugara cuando era pequeña. La madre nos pidió que bajáramos las ventanas y nos hizo fotos.
Me senté atrás con Sara y Soo. José y Meredith fueron delante sin quejarse. Entre Breanne y Meredith nos dieron un tour en coche muy chulo. Vimos la enorme, enorme Universidad de Washington. Eso tenía que ir lo primero ya que en cuanto acabara el partido empezaría el atasco. Después fuimos a ver el Trol de Seattle. Está al final de un túnel y es una de esas cosas que o te lleva alguien que conoce la ciudad o no vas. Nos hicimos fotos y volvimos al coche en dirección a una especie de parque donde había un montón de gente disfrazada. Por lo visto era una reunión de unos que disfrutan disfrazándose una vez al mes. Más fotos y al coche de camino a Public Market.
Es un mercado muy famoso en Seattle. Estuvimos caminando por ahí y fuimos a ver un puesto de pescadería donde los trabajadores, todos chicos, cantan y cuando alguien pide un pescado se lo lanzan entre ellos. Tengo una foto de uno de los lanzamientos que me gusta mucho. La hice con la compacta y probablemente la procese un poco pero os la voy a poner así en crudo aquí para que veáis de que hablo.

Después Breanne, José y yo nos acercamos a ver a un señor que hacía sombreros con globos. José se probó uno, se lo devolvió y volvimos con los demás. Decidimos ir al primer Starbucks del mundo que estaba justo ahí. Tomé un White Chocolate Moka, riquísimo. Ese Starbucks no tiene sitio para sentarte pero estaba llenísimo. Fuera había dos chicos cantando con dos guitarras cuando entramos. Dentro no cabía nadie más. La gran diferencia es que el logo de ese Starbucks es marrón que era el color original.
Cuando salimos había un grupo de 5 hombres negros cantando donde antes estaban los chicos. Nos quedamos un rato a verlos y uno de ellos se acercó y me cantó a mí. El estribillo de la canción hablaba sobre que el amor de alguien les hacía llegar al cielo e improvisaban todo lo demás, así que me cantó directamente a mí pero yo estaba tan avergonzada que no entendí nada y me di cuenta de que cantaban a cada persona cuando se puso a cantarle a una niñita, la niña soltó su vaso de agua y él cantó sobre como la niña había dejado caer el vaso. A ver si consigo que alguien se acuerde de que me cantó aunque lo veo un poco difícil.
Nos fuimos de compras pero no compré nada. De repente nos encontramos con Karin, que había salido de Bellingham a las dos con otro coche porque no quería salir a las 11. Es muy gritona y toda la calle se debió enterar de que Jarrett el chico que había ido con ella hasta Seattle, no quiere sexo antes del matrimonio.
Nos dividimos en dos grupos: Meredith, José y Karin por un lado y Breanne, Sara y yo por el otro. Volvimos a por el coche y fuimos a aparcar en el parking del estadio. Muchas calles estaban cerradas porque querían que todos los coches entraran por el mismo lado y no hubiera líos de coches que se colaban en la fila para entrar al parking. Al final llegamos.
Cogimos las entradas y fuimos a la entrada. Leyeron el código de barras de mi entrada pero no la rompieron, algo que agradecí ya que así te la puedes quedar de recuerdo en perfecto estado. Dentro del estadio regalaban pegatinas para el coche con el escudo del equipo y folios con un 9 enorme y unas letras pequeñas que explicaban que durante el minuto 9 había que levantar la hoja en memoria de no sé quién.
Fuimos a comprar unas patatas y una cerveza y fuimos a buscar nuestros asientos. Mi amiga de la clase de Operations Management, Katie, me dijo que ella también iba a estar en el partido. En la sección 123 fila M. Que me pasara a verla. Me hice una idea aproximada de por donde estaría Katie pero me quedé con los internacionales.
Al principio sacaron dos banderas enormes, una de los Sounders (el equipo de fútbol europeo de Seattle) y otra de Estados Unidos. La voz del megáfono dijo:
- ¡Ya sabéis todos lo que viene ahora! Señoras y señores, por favor póngase en pie, quitesen las gorras y demás accesorios…
Ahí ya adiviné qué era lo que “todo el mundo sabía que tocaba ahora”. Himno nacional. Tal cual como en las películas salió un señor al césped y se puso a cantar. En las pantallas del estadio salía la letra así que todos pudimos cantar. ¡Bien! Cuando llegamos a la parte en la que dice “y el rojo resplandor de los cohetes”, echaron fuegos artificiales rojos. Ese trozo viene seguido de un trozo que habla de bombas explotando en el aire y justo en ese momento los fuegos artificiales hicieron el ruido típico. Y cuando al final del primer estribillo (que es lo único que se suele cantar) dicen: “en la tierra de la libertad” empezaron a salir un montón de fuegos artificiales que estallaron cuando la canción acababa con: “y el hogar de los valientes”. Muy bonito. De verdad.
Después todo el mundo vitorea el himno, no como en nuestro país donde se silba para que no se oiga.
Empezó el partido. Lo del minuto nueve… un par de imágenes lo explicarán mejor.


Recordad que la inmensa mayoría de la gente iba de verde y azul así que todo lo que veis blanco son carteles. Increíble.
Había una sección que tenían un montón de banderas enormes y se pasaron el partido gritando y saltando como locos. Al rato Dallas FC, metió un gol. Horror. Esa sección siguió a su ritmo, por supuesto. El resto también animábamos un montón. Gritando ‘Sounders!’ a ratos. Otros ratos la mitad del público gritaba ‘Seattle’ y la otra mitad gritaba ‘Sounders’.
Durante el descanso decidí ir al baño y después fui a buscar a Katie. Estuve un rato hablando con ella y me presentó a una amiga suya. Las dos se habían puesto el escudo de los Sounders en la cara con purpurina. Por lo visto lo hacían en algún lugar del estadio. Y no sé si la amiga, pero Katie sí, iba vestida de los Sounders al 100%. Le dije:
- ¡Es una pena que perdamos!
- Sí, pero yo creo que vamos a remontar en la segunda parte.
Cuando me di cuenta quedaban segundos para el segundo tiempo así que volví a mi sitio. Empieza la segunda parte. Al rato los Sounders meten dos goles en unos diez minutos. Por cada gol, el estadio se inunda de una especie de purpurina y el público se vuelve completamente loco.
Acabó el partido y nos fuimos al hostal. Breanne no se quedaba con nosotros así que nos dejo en la puerta a Karin, José y a mí. Entramos y empezamos a hacer el check-in. Al rato me llamaron los otros que no encontraban el hostal. Les dije que estaba en la segunda, en la manzana 23. Aquí los números van por manzanas. Así si miras por la ventana y ves que el número es el 700 sabes que estás en la manzana 7 y, dependiendo de donde vas, decides seguir mirando o conducir un buen rato más.
Ellos dijeron que estaban en la 21. Les dije que salía a la calle para que me vieran y de repente un coche me hizo luces. ¡Sí! Fueron a aparcar y al rato aparecieron todos. Después de hacer el check-in, fuimos a las habitaciones a cambiarnos. Casi todas las chicas se cambiaron un montón, tipo Celine que se puso un vestido pero otras como Kaylee y yo fuimos en vaqueros, camiseta y una sudadera o chaqueta.
Algunos chicos quisieron comprar alcohol para la afterparty, Kaylee dijo que se quedaba esperándolos y que nosotros empezáramos a ir. Dijeron de entrar a un sitio donde te cobraban 15 dólares de entrada. Vaya timada. Justo cuando estábamos en la puerta me llama Kaylee preguntando donde estábamos. Le dije el nombre del bar pero no sabía dónde estaba así que volví a la calle principal y les dije que subieran hasta verme. Ya estaban casi ahí pero en la otra acera. Mientras los esperaba al otro lado del semáforo, uno de esos tipos raros pero inofensivos empezó a hablarme. Yo les echaba miradas y todos me miraban divertidos. Kaylee me dio las gracias por salir a buscarlos. Es que soy monísima.
Resultó que la entrada era gratis. Lo de los 15 dólares se quedó por el camino. Entramos. Había un concierto del que oímos el último acorde de la última canción. Por eso era gratis. De repente la música estaba baja y la sala casi vacía. Pedimos algo y en cuanto lo acabamos nos fuimos. Encontramos otro sitio pero como la entrada eran 10 dólares no quisieron entrar. Yo hubiera pagado porque la música que se oía tenía buena pinta.
Otro sitio. 5 dólares de entrada. Aceptable. Nos pusimos en la cola y estuvimos un montón de rato ahí. Al final Martin dijo: ‘¿quién viene conmigo a otro sitio? Aquí vamos a estar toda la noche esperando.’ Kaylee y yo nos fuimos con Martin y al rato se nos unieron uno que habíamos conocido por ahí que se llamaba Simon, su amigo, Austin (que vive en Birnam Wood), Maarit, Rikka, Romaine y Johanna. Nos metimos en el sitio de al lado. Era bastante cutre pero no cobraban entradas, la bebida estaba a buen precio y la música estaba bien. Lo pasamos muy bien ahí, bailando, hablando… Estuve hablando un rato con Simon que por lo visto trabaja para Microsoft. Qué cosas…
A las dos cerraron y volvimos al hostal. Kaylee no paraba de hablarme en español y al rato dijo que no podía hablar con los otros porque estaba pensando en español. Fuimos a la sala común del hostal que estaba en el sótano y estuvimos de afterparty hasta las cuatro. Aparecieron tres arquitectos que vivían en Nueva York. A mí, evidentemente, me dejaba maravillada que vivieran en Nueva York y uno de ellos quería mudarse a Barcelona.
Lo pasamos genial toda la noche. A las 4 Kaylee y yo subimos a la habitación y después de estar diciéndole que menos dormir y más salir a bailar durante una infructuosa media hora, la dejé haciéndose la dormida. Algunos decidimos ir a un sitio a bailar, a las 2 cierran los sitios con alcohol pero abren otros sólo para bailar. Ni una gota de alcohol. Esos sitios están abiertos hasta las 10.
El sitio por lo visto no tenía buena pinta y volvimos al hostal. Perdimos a José. Despertamos a Celine porque como José es también holandesa, las finlandesas pensaban que Celine era la que era más probable que supiera dónde estaba. Celine dijo que no lo sabía y que encima José no tiene móvil americano así que no se podía hacer nada. Como a su compatriota le dio igual, nos fuimos a dormir.
Me dio mucha pereza hacer la cama del hostal a las casi 5 de la mañana a oscuras así que puse el cubre almohada encima de la almohada y me tapé con el edredón. Perfecto. Por cierto, en la habitación de los chicos su edredón era el mismo que tengo yo aquí.