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Mount Baker

// Enero 5th, 2010 // No Comments » // Deportes, Gente, Internacionales, fiesta

El sábado me desperté a las seis y algo de la mañana. Desayuné, llamé a casa y me empecé a vestir.

Al rato José tocó a la puerta. La dejé pasar mientras me acababa de vestir. Decidimos que no nos íbamos a llevar el paquete de Doritos porque si la que los llevaba se caía, todas las patatillas se convertirían en polvo.

Cuando estuvimos listas llamamos a la puerta de Björn. Él y Oskar seguían desayunando a su ritmo. Increíble. Nos mandaron a despertar a Henrik que según ellos, seguro que se había quedado dormido. Cuando llegamos a la puerta de Henrik casi nos chocamos con él, que salía ya, con todo listo. Bajamos otra vez. Oskar y Björn estaban comiendo plátanos y Oskar nos enseñó que tira las pieles de plátanos por el balcón. Para que luego os parezca mal que tirara la calabaza de Halloween por el balcón.

Al fin salimos de ese apartamento y nos metimos en el mini coche. Ya habíamos probado si cabíamos y metido los esquís y snowboards el día anterior así que ya sabíamos como colocarnos. Primera parada la gasolinera. Cinco dólares por persona y empezamos el viaje. Música reggae de parte de Björn, que había hecho el CD a propósito para el viaje, los esquís atravesando el coche… y al rato, nieve al otro lado de la ventana.

Les hice esa foto desde mi sitio al otro lado de los esquís. Cuando digo que los esquís atravesaban el coche, no exagero.

Esta la hizo José. Es el genial paisaje que veíamos de camino a Baker.

A la mitad decidimos parar a por café. Entramos en una tienda que tenía una parte de cafetería. Mientras estábamos en la cola Björn cogió unos periódicos. Al ir a pagar, repitió el tipo de café que había pedido y la chica le dijo: ‘Y los periódicos, ¿no?’. Björn la mira, mira los periódicos y salta: ‘¡Ah no! ¡Pensaba que eran gratis!’ Esos no lo eran. La chica le dijo que había algunos gratis al final de la tienda pero Björn dijo que daba igual.

Nos sentamos en una mesa a esperar que los chicos fueran al baño. Había una cola enorme para el baño de chicos y NADIE en el baño de chicas. Increíble, lo sé. Cuando por fin acabaron, volvimos al coche. Mi puerta del coche estaba un poco mal y había que hacer mucha fuerza tanto para abrir como para cerrar. Sobre todo para abrir. Y ya el más difícil todavía es abrir con un café en la mano. Se salió un poco de café pero casi nada. Entramos al coche, me puse el cinturón haciendo malabares. Primera curva, el café saltó desde dentro del vaso, por el agujerito de la tapa típica de Starbucks y cafés para llevar en general y acabó en mi ojo y en otros lados de mi cara. Qué risa. Menos mal que habíamos cogido bastantes servilletas.

Por fin llegamos a las pistas. Aparcamos en un muy buen sitio y justo después aparcó otro coche detrás de nosotros. Björn le dio las gracias porque ‘no nos fiamos mucho del freno de nuestro coche’. El chico se río pero estoy segura de que no le debió hacer mucha gracia.

Hora de ponerse las botas. Horrible. Una me la puse muy fácil. La otra no había manera. Al final Oskar me ayudó a ponérmela y me la puso súper apretada. Pero ya estaba puesta. Cogimos los esquís y empezamos a caminar hacia la cola para comprar las entradas. Había cuatro o cinco ventanillas. Una de ellas era sólo para pagar en efectivo y estaba vacía. Imaginaos, ¡todo el mundo llevaba tarjeta! Yo llevaba dinero en efectivo así que tuve mi entrada sin hacer cola. Me dieron una pegatina y fui a ver a los demás. Björn me dijo que se me había olvidado recoger una cosita metálica donde pones la pegatina para que cuelgue de la cremallera de tu chaqueta. Estaba claro que soy una profesional de la nieve. Cuando ya estábamos listos nos hicimos una foto.

Y empezamos a esquiar. Yo, evidentemente, era la última, aunque no me llevaban mucha ventaja. Lo malo es que si ellos decían: ‘coge velocidad’, yo decidía que prefería ir despacito y luego me quedaba a la mitad de las cuestas hacia arriba. Un desastre. Cogimos un telesilla. En Mount Baker los telesillas no tienen ni la barrita de delante para que no te caigas ni la barra para apoyar los esquís. Hasta a José le pareció una locura. En el telesilla de delante iban Björn y Oskar y en el de detrás Henrik, José y yo. Yo en medio. De repente, se paró. Estuvimos un montón de tiempo parados y Henrik empezó a valorar la idea de saltar del telesilla. Yo le pedía que no lo hiciera porque sin barritas ni nada, el telesilla se movería mucho y ya me veía en el suelo también. Vimos como Björn y Oskar también sospesaban la idea. Al final nadie salto, menos mal. La máquina empezó a moverse y se volvió a parar.

En fin, al final llegamos arriba, bajamos del telesilla y empezamos a bajar la montaña. Os recuerdo que yo era la más lenta y José iba bajando trozos y esperándome. De repente me pareció que iba demasiado rápido. Me asusté,  me salí del camino, los esquís tropezaron con algo, volé a lo Superman y acabé sin los esquís y con la cara enterrada en la nieve. Intenté levantarme pero mis brazos se hundieron en la nieve. Cuanto más intentaba salir, más me hundía. José estaba un poco más abajo mirándome y preguntándome si estaba bien. Bien estaba, pero no conseguía salir de ahí. Al final apareció un chico con un snowboard y me dijo que lo cogiera por el otro lado y me sacaría de ahí. Me agarré con todas mis fuerzas y agradecí que José me hizo comprar guantes de nieve porque me hubiera hecho mucho daño si no. Salí del montón de nieve en polvo y otro chico apareció con mis esquís en sus brazos. Gracias, gracias.

Así acabé:

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Sí, lo de detrás es parte de la cuesta por la que me caí.

Cuando llegamos abajo los chicos ya estaban haciendo cola en otro telesilla y nos colaron. Subimos y más de lo mismo. Mucha velocidad, me asusté, salí del camino y esta vez fue mucho peor. Tenía una de las piernas completamente enterrada en la nieve. Aun así no podía parar de reír. No sé cómo conseguí salir, pero lo hice. Cuando llegamos abajo ya no encontramos a los chicos. Así que al final decidimos ir solas y toda la mañana fue igual, yo me caía, me caía y me volvía a caer. La última vez que me caí esa mañana me hice bastante daño porque del impacto reboté. Además mis esquís se quedaron a la mitad de la cuesta y como esta vez era bastante empinada, nadie iba a velocidad suficiente como para pararse y recogerlos por mí. Tuve que gatear hacia arriba. Cuando los tuve los cogí fuerte y empecé a intentar dejarme caer por la cuesta pero resulta que o bien la nieve no resbala o los pantalones de nieve no te dejan resbalar. Un desastre. Al final decidí volver a ponerme los esquís. José decía que tenía los dedos de los pies congelados y que necesitaba ir al restaurante.  Me enseño a deslizarme con los esquís en vez de esquiar de verdad. Estuve haciendo eso un buen rato y diciéndole: ‘esto se parece más a hacer snow, ¡debe ser que lo mío es el snow!’. Y ella: ’sí, se ve que sí’. Yo le decía: ‘Esto es muy difícil. Nos hemos metido en una pista complicada.’ Y ella me decía una y otra vez que no. Luego me dijo: ‘¡Ana! ¡Ya casi estamos! ¡Mira lo que has hecho!’. Me di la vuelta y casi me muero de lo empinada que estaba la cuesta que acabábamos de hacer. Me dijo que había sido una cuesta bastante difícil y yo la maté por decirme que no lo era cuando sí que lo era. Pero a la vez estaba muy orgullosa de mí misma.

Cuando por fin llegamos al restaurante, el sitio estaba lleno. Subimos al piso de arriba y vimos a unos que se iban. Perfecto. Nos sentamos ahí y agradecimos haber traído comida de casa. José me dio el sandwich de Nutella que me había preparado. Sí, me sentí muy mimada y muy bien. Al rato conseguimos hablar con los chicos y vinieron a comer con nosotros. Björn tenía galletas para todos y nos dijo que nos sentarían genial. Durante la comida le envié un mensaje a Chelsea y otro a Kaylee y acabé quedando con Chelsea para ir a cenar sushi y que me desmotrara que el sushi bueno, esta muy bueno. Se lo dije a los otros pero no querían venir.

Todos se desabrocharon las botas pero yo no lo hice porque ya me había costado bastante esfuerzo atarlas. Cuando nos íbamos le dije a Björn que no me las había soltado y me dijo que me las soltara de camino a los esquís, que él me ayudaría a atarlas. Y la verdad es que me las ató mucho mejor. También me dijo que después de comer iríamos juntos él y yo y así José podría ir con los otros y pasarlo bien. Resulta que Björn ha sido profesor de esquí durante 9 años. Nos subimos a un telesilla, José, Oskar y Henrik empezaron a bajar y Björn me dijo que bajara delante de él. Bajé un trozo, me dio unas indicaciones. Bajé otro trozo, ¿dónde está Björn? Empecé a darme la vuelta para ver si estaba detrás mío y acabé en el suelo de nuevo.

Después de bajar dos veces con Björn, les dije a todos que podían ir juntos a una negra y yo volvería a hacer la azul. Hice la pista más fácil de las dos que habíamos hecho aunque no tenía muy claro que fuera más fácil y tuve que preguntarle a una chica que me dijo que sólo había hecho la de la derecha (la fácil).

Cuando me reencontré con ellos Björn me preguntó si había hecho la de la izquierda y le dije que no, que iba sola y prefería hacer la más fácil. ¡Porque la de la izquierda era bastante difícil! Lo bueno es que al saber que Björn fue profesor de esquí, iba súper tranquila.
Todos me dijeron que había mejorado muchísimo. Al final nos volvimos a separar, los chicos fueron a hacer alguna locura como esquí fuera de pista y José y yo otra pista azul. Nos hicimos fotos y demás y fuimos bajando. La pista era entre árboles. ¡Muy guay! Una chica me preguntó algo de las pistas y yo le dije que le preguntara a mi amiga que se enteraba más. Y sí, José le contestó sin problemas.
Cuando llegamos al parking, llamamos a Henrik y en broma le dije que estábamos donde habíamos comido. O sea, bastante lejos teniendo en cuenta que las pistas cerraban ya. El pobre chico se empezó a hacer un lío y al final le pasé con José.
Mi gemela, José, y yo empezamos a ir hacia el coche y una chica nos paró para preguntarnos si podíamos llevarla a un sitio que estaba muy cerca de ahí. Le dijimos que estábamos con el coche lleno pero que si se quería estrujar que igual podíamos hacerle un hueco. El único hueco que José le ofrecía era que se sentara apretujada conmigo ya que ella iba apretujada con Henrik. La chica nos dijo que buscaría otro coche pero que si no encontraba nada vendría con nosotros. Al rato nos la encontramos otra vez y nos dijo que había encontrado otro coche. Mejor.
Llegamos al coche y empezamos a hacernos fotos, guerra de bolas de nieve, ángeles (José no sabía lo que era un ángel y eso que va a esquiar cada año), intento de muñeco de nieve… más guerra de bolas de nieve… muy, muy divertido.

Al rato aparecieron Björn y Oskar, les preguntamos dónde estaba Henrik y nos dijeron que como le habíamos dicho a Henrik que estábamos donde habíamos comido, estaba buscándonos. Al final apareció. Nos metimos en el coche y se les ocurrió la genial idea de pararnos en un sitio italiano a picar de un plato que incluía queso, lomo, aceitunas y demás embutidos. Estaba muy bueno pero todos estábamos muy, muy cansados.

Luego decidieron que tenían que ir a pagar al señor que les alquilaba la caseta donde iban a pasar año nuevo. Yo estaba preocupada porque iba a llegar súper tarde a lo de Chelsea y no tenía cobertura. Cuando conseguí cobertura le envié un mensaje a Chelsea que me contestó diciendo que ella también llegaba tarde. Mucho mejor.

Llegué a casa, me duché corriendo y me vestí. Chelsea no paraba de meterme prisa. Cuando estuve lista fui a casa de Kelly y las tres fuimos al sitio del sushi. La verdad es que lo que comí estaba buenísimo. Eso sí, algunos trozos tenían cola. Y eso no me hacía mucha gracia. Pero esos trozos se los comió Chelsea, que también me dio dos trozos de lo que pidió ella. La verdad es que elegir lo que quería fue bastante difícil ya que Chelsea decía que todo estaba buenísimo.

Salimos del japonés y llovía. Yo era la única que llevaba un abrigo con capucha. Kelly nos contó esa noche que iba a intentar quedarse más tiempo.

Llegamos a Birnam Wood, Chelsea volvió a su casa para dejar el coche. Hicimos una mini prefiesta y fuimos todos a Rumours. Sara, la sueca, estaba esperándonos en la puerta porque había estado con otros pero cuando fuimos a entrar le dijeron que, evidentemente, sin pasaporte no iba a entrar. Se enfadó muchísimo porque los demás entramos pero ¿hola?: estamos todos juntos, venimos de Birnam Wood en el último bus para salir, si tú eres la única que, además de que nunca sale con nosotros, te dejas el pasaporte el único día que decides que te apetece vernos, no vamos a quedarnos contigo.

De los que fuimos a esquiar solo Henrik se apuntó a salir. Fue una noche muy divertida aunque todos dijeron que estaban muy cansados y se fueron yendo a casa. Chelsea y yo nos quedamos un montón de tiempo hablando hasta que ella preguntó por qué seguíamos en Rumours si lo único que hacíamos era hablar. Así que fuimos a su casa a ver la súper fiesta disco que había ahí. Sí, súper, súper fiesta. Al más puro estilo fiesta en casa de Chelsea. Nosotras nos sentamos en la escalera a seguir hablando y hablando hasta que pensé que Chelsea se iba a quedar dormida ahí en medio y le dije que me iba a casa. Me llamó a un taxi y me acompañó hasta él. Adivinad quién era. ¡El taxista del día anterior! El que nos recogió a José, Celine y a mí. Me dijo: ‘Hola Ana, ¿qué tal Mount Baker?’. Increíble. Estuvimos hablando todo el camino a casa de Mount Baker, de los turnos que prefiere hacer y de que los taxistas cobran el sueldo mínimo más propinas. Luego llegué a casa y me fui directa a dormir.

Boulevard Park

// Diciembre 13th, 2009 // No Comments » // Fairhaven, Internacionales, Residencia

El jueves fui a clase de frisbee como siempre, luego me duché, comí y me puse a hacer deberes. El viernes teníamos que entregar una parte del proyecto de una clase así que habíamos quedado que estaríamos al tanto de los emails y así no tendríamos que quedar.

Aproveché para enviarle un mensaje a Chelsea por facebook recordándole que dijo que saldría con nosotros esa noche.

Después me puse a trabajar.

Más tarde se conectó Chelsea y estuvimos hablando del concierto de Tegan and Sara, de que soy la administradora de Tegan and Sara Spain y de que necesitaba alguien con quien ir al concierto. Por lo visto a Chelsea le encantan Tegan and Sara. ¡¡Así que vamos a ir juntas al concierto!! Además me llamo badass. Ja. No sabría traducirlo exactamente.

Al cabo de un rato oigo mi nombre por la ventana:

- ¡¡Ana!!

- ¡¡Björn!!

- ¿Vienes a tomar café?

- No, tengo que estudiar.

- ¡Nosotros también! Sólo vamos a por café y volvemos.

- No sé…

- Sin ti no será tan divertido.

Convencida. Además íbamos en coche. En el coche de Austen pero no el Volvo amarillo y desastroso. Uno azul, algo más nuevo. “Del 87, tu año”. Dijo Björn. Pero no, yo soy del 88. Soy más joven que ese coche.

Éramos Martin, Henrik, Björn, Austen y yo. Cuando pasamos por la parada de bus, vimos a Oskar y Austen hizo el amago de pasar a recogerlo y luego se fue. No oímos a Oskar pero estamos seguros de que nos llamó de todo.

Llegamos a Boulevard Park. Es un parque en Fairhaven, por lo visto todo el mundo había estado allí menos yo. Es muy, muy, muy bonito. En el parque hay una cafetería muy acogedora, de madera, con su chimenea y demás. Tiene mesas y sofás dentro y mesas en el exterior.

Salimos con los cafés y nos encontramos con Celine y José en las mesas de fuera. Estaban estudiando ahí. Nos sentamos todos juntos y tomamos los cafés. Luego decidieron que teníamos que ir a la tienda de esquís y snowboards de Fairhaven porque Björn y Oskar se habían comprado esquís nuevos y los habían llevado ahí para que le pusieran la parte donde encajas la bota.

Estuvimos ahí mirando cosas de esquís, Björn, Henrik y Austen se volvían locos. En esa tienda también venden bicicletas. Bicicletas de más de mil dólares.

Decidimos que íbamos a ir a esquiar el sábado, nos las ideamos para meter los esquís en el coche y volvimos a Birnam Wood.

Le estuve diciendo a José que si quería que fuera a esquiar teníamos que ir a comprar y alquilar todo lo que necesitábamos. Por otra parte, Christian, Murat y Alex iban a Seattle ese fin de semana. Estuve preguntando si alguien quería ir y sólo Kelly se apuntaba. Pero con tan poca gente Kelly estuvo conmigo en que no valía mucho la pena así que no fue muy difícil decirle que no iría a Seattle al final.

José me dijo que al día siguiente iríamos al centro comercial. Y me fui a dormir.

Proyectos, fiestas, proyectos, fiestas

// Noviembre 17th, 2009 // No Comments » // Internacionales, Prácticas, clase, fiesta

Sobre el jueves… Martin nos invitó a comer lasaña a su casa preparada por él mismo. Estaba deliciosa y luego prefiesta en su casa.

También tengo que decir que se nos ocurrió a la vuelta pararnos una parada antes y hacer una visita al McDonalds, que estaba cerrado. Así que decidimos ir a Haggen, comprar comida y meternos en el apartamento de Henrik. Hasta el apartamento de Henrik sólo llegamos Riikka y yo. Yo comía crackers (o galletas saladas), Riikka un bocadillo y Henrik una pizza.

A Henrik se le ocurrió decirle a Riikka que cree que él come más en dos días de lo que ella come en una semana. Riikka contestó molesta que él no sabía cuánto come ella y hubo un intercambio de frases tipo: ‘no hagas juicios sobre mí, no me conoces’.

Viernes. Las clases de Software Project Analysis se reanudaron. Entregamos el primer borrador final del proyecto y el profesor dijo que ahora íbamos a revisar todos los proyectos en clase de la siguiente forma:

Seis personas que no sean parte del proyecto estarán involucradas en la revisión. Tres se tienen que leer el proyecto a conciencia, otra tiene que ser el moderador y hacer que la revisión funcione a buen ritmo, otro tiene que leer el proyecto en voz alta y parafrasear partes para comprobar que se entienda lo que quieren decir y el último escribir las anotaciones.

A mí por lo visto me toca ser parte de la revisión del primer proyecto y seré una de las que se tienen que leer el proyecto a conciencia. Está bien, ya veremos…

Nuestro grupo es el cuarto en ser entrevistado, así que genial. A la mitad pero tirando hacia más bien tarde.

Después tuvimos reunión de grupo. Annika apareció sólo para decir que tenía otro proyecto y que no podía venir a la reunión. Así que estuvimos haciendo la reunión sin ella. Lorraine, la mujer mayor, adora a Katie. No para de decir que es buenísima en todo.

Lorraine: Katie, ¿a qué se dedican tus padres?

Katie: Mi padre es -no conseguí entender nada- y mi madre es profesora de guardería.

Lorraine: ¡¡Lo sabía!! ¡Eres tan organizada que tu madre tenía que ser profesora!

Katie: Sí, bueno… mi madre se queja de que ella le enseña a los niños como coger bien el lápiz y yo lo cojo mal.

Lorraine: ¿Y tus padres Ana?

Lo expliqué e hizo algún comentario al respecto pero está claro que su amada es Katie.

A la salida estuvimos hablando de como Lorraine ama a Katie y, para no perder costumbre, de mis compañeras de habitación.

Katie me habló de una compañera de habitación horrible que tuvo. Un día decidió no comer durante 11 días, no comer nada de nada. Ella y la otra compañera de habitación le dijeron que eso era horrible y ella dijo “No pasa nada, si corro no me desmayo”. Toma ya. Al final se lo tuvieron que contar al Resident Advisor, y él le dijo que tenía que comer o se iba a morir.

Además la tía se dedicaba a hacer cosas raras. Un día, cuando Katie y su amiga entraron en la habitación se encontraron a la tía y a un chico. El chico parecía que tenía un problema mental y entre ellos no hablaron en todo el rato. Katie y la amiga se pusieron a jugar a videojuegos y el chico se puso al lado suyo mirándolas y hablando con ellas.

De repente va la rara y dice que se va al RecCenter. Katie tuvo que saltar con un:

- Nosotras nos vamos a cenar dentro de nada…

Para que el tío se fuera.

Total, que se dedicaron a hacer un plan para echarla de la habitación. No limpiaban nunca los platos. Un día la tía dijo: ‘¿puedo lavar los platos?’ Y estuvo dos horas de reloj lavando. Katie se dedicó a hacer “maldades” (merecidas, por supuesto). Y cuando supieron que una chica de otra habitación del pasillo se iba a mudar a Alaska, empezaron a hablar de que la chica esa quería cambiarse de habitación delante de la rara. La rara fue y le pidió a la que se mudaba que se cambiaran, se cambiaron, se mudó, y durante un trimestre y medio tuvieron una habitación para tres sólo para ellas dos.

- Así que si quieres echarla de la habitación, yo tengo experiencia.

Con toda esta nueva información dando vueltas en mi cabeza volví a casa, estuve haciendo cosas hasta que fue hora de arreglarse para la prefiesta y fiesta.

La prefiesta iba a ser en casa de Alex, el francés, que nos iba a hacer crepes mientras hablábamos de posibles planes para el finde. Los crepes estuvieron muy buenos, el pobre estuvo mucho tiempo en la cocina. Seguimos ahí de prefiesta hasta que fue hora de coger el último bus.

Sólo José, Cora y yo nos apuntamos a salir (en cuanto a chicas, muchos más chicos salieron). Fuimos a Rumours y más tarde apareció Karin.

La música era buena y nos lo pasamos muy, muy bien.

Cierran Rumours, nos reunimos todos de nuevo, empezamos a entrar en un taxi y acabamos siendo 6 más el taxista en un taxi de cinco plazas. No sé en qué pensaba el taxista. Fuimos al apartamento de Alex a escuchar nuestra canción (entre otras) y a cantarla aunque me estuvieron dejando de lado durante la mayor parte de la canción.

En la afterparty me puse a hablar con un amigo de Karin que era muy raro y a la vez muy simpático: Moises. Le dije que a mí también me encantaba ir al cine aunque fuera a ver una película fácil de seguir y él me miraba fijamente. No sé, fue raro pero no en el sentido de raro mal. Sólo raro.

Y después me fui a casa a dormir.