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Mount Baker

// Enero 5th, 2010 // No Comments » // Deportes, Gente, Internacionales, fiesta

El sábado me desperté a las seis y algo de la mañana. Desayuné, llamé a casa y me empecé a vestir.

Al rato José tocó a la puerta. La dejé pasar mientras me acababa de vestir. Decidimos que no nos íbamos a llevar el paquete de Doritos porque si la que los llevaba se caía, todas las patatillas se convertirían en polvo.

Cuando estuvimos listas llamamos a la puerta de Björn. Él y Oskar seguían desayunando a su ritmo. Increíble. Nos mandaron a despertar a Henrik que según ellos, seguro que se había quedado dormido. Cuando llegamos a la puerta de Henrik casi nos chocamos con él, que salía ya, con todo listo. Bajamos otra vez. Oskar y Björn estaban comiendo plátanos y Oskar nos enseñó que tira las pieles de plátanos por el balcón. Para que luego os parezca mal que tirara la calabaza de Halloween por el balcón.

Al fin salimos de ese apartamento y nos metimos en el mini coche. Ya habíamos probado si cabíamos y metido los esquís y snowboards el día anterior así que ya sabíamos como colocarnos. Primera parada la gasolinera. Cinco dólares por persona y empezamos el viaje. Música reggae de parte de Björn, que había hecho el CD a propósito para el viaje, los esquís atravesando el coche… y al rato, nieve al otro lado de la ventana.

Les hice esa foto desde mi sitio al otro lado de los esquís. Cuando digo que los esquís atravesaban el coche, no exagero.

Esta la hizo José. Es el genial paisaje que veíamos de camino a Baker.

A la mitad decidimos parar a por café. Entramos en una tienda que tenía una parte de cafetería. Mientras estábamos en la cola Björn cogió unos periódicos. Al ir a pagar, repitió el tipo de café que había pedido y la chica le dijo: ‘Y los periódicos, ¿no?’. Björn la mira, mira los periódicos y salta: ‘¡Ah no! ¡Pensaba que eran gratis!’ Esos no lo eran. La chica le dijo que había algunos gratis al final de la tienda pero Björn dijo que daba igual.

Nos sentamos en una mesa a esperar que los chicos fueran al baño. Había una cola enorme para el baño de chicos y NADIE en el baño de chicas. Increíble, lo sé. Cuando por fin acabaron, volvimos al coche. Mi puerta del coche estaba un poco mal y había que hacer mucha fuerza tanto para abrir como para cerrar. Sobre todo para abrir. Y ya el más difícil todavía es abrir con un café en la mano. Se salió un poco de café pero casi nada. Entramos al coche, me puse el cinturón haciendo malabares. Primera curva, el café saltó desde dentro del vaso, por el agujerito de la tapa típica de Starbucks y cafés para llevar en general y acabó en mi ojo y en otros lados de mi cara. Qué risa. Menos mal que habíamos cogido bastantes servilletas.

Por fin llegamos a las pistas. Aparcamos en un muy buen sitio y justo después aparcó otro coche detrás de nosotros. Björn le dio las gracias porque ‘no nos fiamos mucho del freno de nuestro coche’. El chico se río pero estoy segura de que no le debió hacer mucha gracia.

Hora de ponerse las botas. Horrible. Una me la puse muy fácil. La otra no había manera. Al final Oskar me ayudó a ponérmela y me la puso súper apretada. Pero ya estaba puesta. Cogimos los esquís y empezamos a caminar hacia la cola para comprar las entradas. Había cuatro o cinco ventanillas. Una de ellas era sólo para pagar en efectivo y estaba vacía. Imaginaos, ¡todo el mundo llevaba tarjeta! Yo llevaba dinero en efectivo así que tuve mi entrada sin hacer cola. Me dieron una pegatina y fui a ver a los demás. Björn me dijo que se me había olvidado recoger una cosita metálica donde pones la pegatina para que cuelgue de la cremallera de tu chaqueta. Estaba claro que soy una profesional de la nieve. Cuando ya estábamos listos nos hicimos una foto.

Y empezamos a esquiar. Yo, evidentemente, era la última, aunque no me llevaban mucha ventaja. Lo malo es que si ellos decían: ‘coge velocidad’, yo decidía que prefería ir despacito y luego me quedaba a la mitad de las cuestas hacia arriba. Un desastre. Cogimos un telesilla. En Mount Baker los telesillas no tienen ni la barrita de delante para que no te caigas ni la barra para apoyar los esquís. Hasta a José le pareció una locura. En el telesilla de delante iban Björn y Oskar y en el de detrás Henrik, José y yo. Yo en medio. De repente, se paró. Estuvimos un montón de tiempo parados y Henrik empezó a valorar la idea de saltar del telesilla. Yo le pedía que no lo hiciera porque sin barritas ni nada, el telesilla se movería mucho y ya me veía en el suelo también. Vimos como Björn y Oskar también sospesaban la idea. Al final nadie salto, menos mal. La máquina empezó a moverse y se volvió a parar.

En fin, al final llegamos arriba, bajamos del telesilla y empezamos a bajar la montaña. Os recuerdo que yo era la más lenta y José iba bajando trozos y esperándome. De repente me pareció que iba demasiado rápido. Me asusté,  me salí del camino, los esquís tropezaron con algo, volé a lo Superman y acabé sin los esquís y con la cara enterrada en la nieve. Intenté levantarme pero mis brazos se hundieron en la nieve. Cuanto más intentaba salir, más me hundía. José estaba un poco más abajo mirándome y preguntándome si estaba bien. Bien estaba, pero no conseguía salir de ahí. Al final apareció un chico con un snowboard y me dijo que lo cogiera por el otro lado y me sacaría de ahí. Me agarré con todas mis fuerzas y agradecí que José me hizo comprar guantes de nieve porque me hubiera hecho mucho daño si no. Salí del montón de nieve en polvo y otro chico apareció con mis esquís en sus brazos. Gracias, gracias.

Así acabé:

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Sí, lo de detrás es parte de la cuesta por la que me caí.

Cuando llegamos abajo los chicos ya estaban haciendo cola en otro telesilla y nos colaron. Subimos y más de lo mismo. Mucha velocidad, me asusté, salí del camino y esta vez fue mucho peor. Tenía una de las piernas completamente enterrada en la nieve. Aun así no podía parar de reír. No sé cómo conseguí salir, pero lo hice. Cuando llegamos abajo ya no encontramos a los chicos. Así que al final decidimos ir solas y toda la mañana fue igual, yo me caía, me caía y me volvía a caer. La última vez que me caí esa mañana me hice bastante daño porque del impacto reboté. Además mis esquís se quedaron a la mitad de la cuesta y como esta vez era bastante empinada, nadie iba a velocidad suficiente como para pararse y recogerlos por mí. Tuve que gatear hacia arriba. Cuando los tuve los cogí fuerte y empecé a intentar dejarme caer por la cuesta pero resulta que o bien la nieve no resbala o los pantalones de nieve no te dejan resbalar. Un desastre. Al final decidí volver a ponerme los esquís. José decía que tenía los dedos de los pies congelados y que necesitaba ir al restaurante.  Me enseño a deslizarme con los esquís en vez de esquiar de verdad. Estuve haciendo eso un buen rato y diciéndole: ‘esto se parece más a hacer snow, ¡debe ser que lo mío es el snow!’. Y ella: ’sí, se ve que sí’. Yo le decía: ‘Esto es muy difícil. Nos hemos metido en una pista complicada.’ Y ella me decía una y otra vez que no. Luego me dijo: ‘¡Ana! ¡Ya casi estamos! ¡Mira lo que has hecho!’. Me di la vuelta y casi me muero de lo empinada que estaba la cuesta que acabábamos de hacer. Me dijo que había sido una cuesta bastante difícil y yo la maté por decirme que no lo era cuando sí que lo era. Pero a la vez estaba muy orgullosa de mí misma.

Cuando por fin llegamos al restaurante, el sitio estaba lleno. Subimos al piso de arriba y vimos a unos que se iban. Perfecto. Nos sentamos ahí y agradecimos haber traído comida de casa. José me dio el sandwich de Nutella que me había preparado. Sí, me sentí muy mimada y muy bien. Al rato conseguimos hablar con los chicos y vinieron a comer con nosotros. Björn tenía galletas para todos y nos dijo que nos sentarían genial. Durante la comida le envié un mensaje a Chelsea y otro a Kaylee y acabé quedando con Chelsea para ir a cenar sushi y que me desmotrara que el sushi bueno, esta muy bueno. Se lo dije a los otros pero no querían venir.

Todos se desabrocharon las botas pero yo no lo hice porque ya me había costado bastante esfuerzo atarlas. Cuando nos íbamos le dije a Björn que no me las había soltado y me dijo que me las soltara de camino a los esquís, que él me ayudaría a atarlas. Y la verdad es que me las ató mucho mejor. También me dijo que después de comer iríamos juntos él y yo y así José podría ir con los otros y pasarlo bien. Resulta que Björn ha sido profesor de esquí durante 9 años. Nos subimos a un telesilla, José, Oskar y Henrik empezaron a bajar y Björn me dijo que bajara delante de él. Bajé un trozo, me dio unas indicaciones. Bajé otro trozo, ¿dónde está Björn? Empecé a darme la vuelta para ver si estaba detrás mío y acabé en el suelo de nuevo.

Después de bajar dos veces con Björn, les dije a todos que podían ir juntos a una negra y yo volvería a hacer la azul. Hice la pista más fácil de las dos que habíamos hecho aunque no tenía muy claro que fuera más fácil y tuve que preguntarle a una chica que me dijo que sólo había hecho la de la derecha (la fácil).

Cuando me reencontré con ellos Björn me preguntó si había hecho la de la izquierda y le dije que no, que iba sola y prefería hacer la más fácil. ¡Porque la de la izquierda era bastante difícil! Lo bueno es que al saber que Björn fue profesor de esquí, iba súper tranquila.
Todos me dijeron que había mejorado muchísimo. Al final nos volvimos a separar, los chicos fueron a hacer alguna locura como esquí fuera de pista y José y yo otra pista azul. Nos hicimos fotos y demás y fuimos bajando. La pista era entre árboles. ¡Muy guay! Una chica me preguntó algo de las pistas y yo le dije que le preguntara a mi amiga que se enteraba más. Y sí, José le contestó sin problemas.
Cuando llegamos al parking, llamamos a Henrik y en broma le dije que estábamos donde habíamos comido. O sea, bastante lejos teniendo en cuenta que las pistas cerraban ya. El pobre chico se empezó a hacer un lío y al final le pasé con José.
Mi gemela, José, y yo empezamos a ir hacia el coche y una chica nos paró para preguntarnos si podíamos llevarla a un sitio que estaba muy cerca de ahí. Le dijimos que estábamos con el coche lleno pero que si se quería estrujar que igual podíamos hacerle un hueco. El único hueco que José le ofrecía era que se sentara apretujada conmigo ya que ella iba apretujada con Henrik. La chica nos dijo que buscaría otro coche pero que si no encontraba nada vendría con nosotros. Al rato nos la encontramos otra vez y nos dijo que había encontrado otro coche. Mejor.
Llegamos al coche y empezamos a hacernos fotos, guerra de bolas de nieve, ángeles (José no sabía lo que era un ángel y eso que va a esquiar cada año), intento de muñeco de nieve… más guerra de bolas de nieve… muy, muy divertido.

Al rato aparecieron Björn y Oskar, les preguntamos dónde estaba Henrik y nos dijeron que como le habíamos dicho a Henrik que estábamos donde habíamos comido, estaba buscándonos. Al final apareció. Nos metimos en el coche y se les ocurrió la genial idea de pararnos en un sitio italiano a picar de un plato que incluía queso, lomo, aceitunas y demás embutidos. Estaba muy bueno pero todos estábamos muy, muy cansados.

Luego decidieron que tenían que ir a pagar al señor que les alquilaba la caseta donde iban a pasar año nuevo. Yo estaba preocupada porque iba a llegar súper tarde a lo de Chelsea y no tenía cobertura. Cuando conseguí cobertura le envié un mensaje a Chelsea que me contestó diciendo que ella también llegaba tarde. Mucho mejor.

Llegué a casa, me duché corriendo y me vestí. Chelsea no paraba de meterme prisa. Cuando estuve lista fui a casa de Kelly y las tres fuimos al sitio del sushi. La verdad es que lo que comí estaba buenísimo. Eso sí, algunos trozos tenían cola. Y eso no me hacía mucha gracia. Pero esos trozos se los comió Chelsea, que también me dio dos trozos de lo que pidió ella. La verdad es que elegir lo que quería fue bastante difícil ya que Chelsea decía que todo estaba buenísimo.

Salimos del japonés y llovía. Yo era la única que llevaba un abrigo con capucha. Kelly nos contó esa noche que iba a intentar quedarse más tiempo.

Llegamos a Birnam Wood, Chelsea volvió a su casa para dejar el coche. Hicimos una mini prefiesta y fuimos todos a Rumours. Sara, la sueca, estaba esperándonos en la puerta porque había estado con otros pero cuando fuimos a entrar le dijeron que, evidentemente, sin pasaporte no iba a entrar. Se enfadó muchísimo porque los demás entramos pero ¿hola?: estamos todos juntos, venimos de Birnam Wood en el último bus para salir, si tú eres la única que, además de que nunca sale con nosotros, te dejas el pasaporte el único día que decides que te apetece vernos, no vamos a quedarnos contigo.

De los que fuimos a esquiar solo Henrik se apuntó a salir. Fue una noche muy divertida aunque todos dijeron que estaban muy cansados y se fueron yendo a casa. Chelsea y yo nos quedamos un montón de tiempo hablando hasta que ella preguntó por qué seguíamos en Rumours si lo único que hacíamos era hablar. Así que fuimos a su casa a ver la súper fiesta disco que había ahí. Sí, súper, súper fiesta. Al más puro estilo fiesta en casa de Chelsea. Nosotras nos sentamos en la escalera a seguir hablando y hablando hasta que pensé que Chelsea se iba a quedar dormida ahí en medio y le dije que me iba a casa. Me llamó a un taxi y me acompañó hasta él. Adivinad quién era. ¡El taxista del día anterior! El que nos recogió a José, Celine y a mí. Me dijo: ‘Hola Ana, ¿qué tal Mount Baker?’. Increíble. Estuvimos hablando todo el camino a casa de Mount Baker, de los turnos que prefiere hacer y de que los taxistas cobran el sueldo mínimo más propinas. Luego llegué a casa y me fui directa a dormir.

Me gusta pasear los esquís

// Diciembre 17th, 2009 // No Comments » // Deportes, Gente, Internacionales

El viernes fui a mis clases y volví a casa a comer. Al rato vino José para ir a hacer las compras/alquileres pre-esquí.

Cogimos el bus y fuimos al Outdoor Center. Ahí te alquilan todo lo que quieras para hacer actividades al aire libre. Todo.

Llegamos, pedimos nuestro número de botas y nos las probamos. A mí me entraban pero no cerraban y a José ni le entraban. Pedimos otras, a José le fueron bien pero a mí igual, entraban pero no cerraban bien. En algún momento llamó Celine, que en teoría estaba estudiando, y dijo que se unía a nuestras compras/alquilares. Genial. Porque recuerdo que estaba molesta con ella. Al rato apareció.

De repente vino uno de Chile a alquilar esquís, nos pusimos a hablar con él, yo en español, las otras en inglés, y me dijo que pidiera que me movieran una cosa del cierre de las botas y me cerrarían. Lo pedí, lo cambiaron y cerraban perfectamente. Genial. Bueno, lo de perfectamente es una exageración, estuvimos media hora dando golpes a la bota. Pero cerraban.

Una vez las botas cerraban y demás, las devolvimos para que nos escogieran los esquís que iban con ellas. El tío me dijo que no tenían más esquís que fueran con mis botas. En parte lo entiendo, era el primer fin de semana de la temporada en Mount Baker, pero por otra parte: ¿cómo pueden tener más botas que esquís? Aunque también puede ser que tengan el mismo número de botas que de esquís pero que haya varias combinaciones entre botas y esquís y se convierta todo en un lío.

En fin, el chico me dijo que fuera al centro, que había un sitio en Holly Street con Cornwall Avenue donde podía alquilarlos también. José alquilo los suyos en el Outdoor Center y nos dimos cuenta de que teníamos que ir al centro con los esquís de José para luego ir al centro comercial con todos los esquís. A Celine se le ocurrió que podía ir ella a Birnam Wood, dejar ahí los esquís de José y unirse a nosotras más tarde. Increíble. Así que Celine se colgó las botas de José al hombro, cogió los esquís y se fue a la parada del bus.

Mi gemela y yo bajamos a la parada que hay delante de unas residencias y esperamos a que viniera el bus. Mientras esperábamos aparecieron un chico y una chica. Ella llevaba una diadema naranja y él una banda naranja en el brazo. Supe en seguida que eso formaba parte de algún tipo de juego o club.

El bus llegó, subimos y cuando llegábamos al centro el chófer dijo que por lo visto iba a nevar esa noche en el centro. ¡¡Qué bien!!

Encontramos la tienda de esquís en seguida. Entramos y fuimos a la parte de alquiler. Cuando nos tocó el turno el chico no me preguntó la talla, me midió el pie. Me ayudó a ponerme las botas, que cerraron en seguida. Me pidió cuánto medía y le dije que sólo lo sabía en metros. De repente apareció con un palo para medirme. Con el peso más de lo mismo, que sólo lo sé en kilos, me dijo que lo apuntara y se buscó la vida para traducirlo. Botas, esquís y palos. Y de repente José se dio cuenta: ‘No tengo palos’. No sé por qué el Outdoor Center no le dio palos. Así que pidió si podía alquilar palos ahí y por supuesto que sí.

Luego fuimos a mirar la ropa, había unos pantalones negros rebajados, me los probé y estaban hechos para mí. Las chaquetas no nos convencían y José decía que había una tienda en el centro comercial que tenía chaquetas baratas. Fuimos a pagar y vimos las gafas, nos compramos las más baratas que había yo en negro y ella en blanco. Mientras pagábamos apareció Celine.

Salimos de la tienda y todo el mundo quería ayudarme con las compras. Celine se colgó mis botas al hombro, José llevaba sus palos y me decía que podía ayudarme con las bolsas. Yo le dije que iba bien. Entramos en el bus con los esquís, todo el mundo nos miraba, por supuesto.

Llegamos al centro comercial y fuimos a RadioShack y Target para que José mirara y se comprara un móvil. No, aun no tenía móvil americano. Se compró uno en Target que tenía unas tarifas geniales pero eso sí, sólo lo puede utilizar tres meses. Después deja de funcionar. Mientras estábamos ahí esperando a que José eligiera el móvil, un chico se acercó y me dijo que no creía que hubiera tanta nieve fuera del centro comercial. Qué gracioso. Le dije que nunca se sabía.

Luego fuimos a la tienda de las chaquetas de esquí. Las preciosas eran carísimas y de repente vi la que me compré. Preciosa, asequible, mía. También me compré unos guantes de esquí. A continuación cena, José dijo que le apetecía mucho McDonalds y le hicimos creer a Celine que el plan era que íbamos a cenar McDonalds, y como ella se acopló en el último momento… Total, compramos McDonalds. Yo iba con mi bandeja con la comida y mis esquís a la vez. Evidentemente, se me cayó la CocaCola. La chica me preguntó que tipo de soda era le dije que CocaCola y me dio una nueva. Le dije que lo sentía mucho y me dijo que no me preocupara así que no lo hice. Esta vez llegué a la mesa sin complicaciones.

Después de cenar cogimos el bus hasta el centro. José y Celine querían ir a un espectáculo que hacía una de las profesoras de baile del RecCenter. Yo les dije que no sabía que hacer porque con los esquís y demás… pero al final fui. Dejamos los esquís en la pared y nos sentamos en el suelo a ver el espectáculo. La verdad es que estuvo muy bien, salvo por las partes que eran demasiado raras. Básicamente era un espectáculo que incluía baile, interpretación, cantantes… de estudiantes de baile, interpretación y demás de la universidad. Hubo un par de bailes que nos encantaron, otros nos gustaron y otros suplicamos que acabaran pronto.

Cuando acabó, cogimos los esquís y nos fuimos a buscar un taxi, ya que era tarde y no nos apetecía estar esperando al bus con los esquís. Tardamos mucho en encontrar uno, hasta que al final vimos a dos que se bajaban de un taxi y nos pusimos a su lado a esperar. Una de las chicas nos preguntó si íbamos a ir a Baker.

- ¡Sí!

- Yo estuve ayer, y está genial.

Nos dijo que llamáramos a un teléfono que nos dio antes de salir para saber las condiciones meteorológicas. Fue muy simpática. Luego el taxista me ayudó a meter los esquís y demás en el maletero y nos llevó a Birnam Wood.

Para cuando llegamos ya era bastante tarde. Preparé las cosas para el día siguiente y me fui a dormir.

Boulevard Park

// Diciembre 13th, 2009 // No Comments » // Fairhaven, Internacionales, Residencia

El jueves fui a clase de frisbee como siempre, luego me duché, comí y me puse a hacer deberes. El viernes teníamos que entregar una parte del proyecto de una clase así que habíamos quedado que estaríamos al tanto de los emails y así no tendríamos que quedar.

Aproveché para enviarle un mensaje a Chelsea por facebook recordándole que dijo que saldría con nosotros esa noche.

Después me puse a trabajar.

Más tarde se conectó Chelsea y estuvimos hablando del concierto de Tegan and Sara, de que soy la administradora de Tegan and Sara Spain y de que necesitaba alguien con quien ir al concierto. Por lo visto a Chelsea le encantan Tegan and Sara. ¡¡Así que vamos a ir juntas al concierto!! Además me llamo badass. Ja. No sabría traducirlo exactamente.

Al cabo de un rato oigo mi nombre por la ventana:

- ¡¡Ana!!

- ¡¡Björn!!

- ¿Vienes a tomar café?

- No, tengo que estudiar.

- ¡Nosotros también! Sólo vamos a por café y volvemos.

- No sé…

- Sin ti no será tan divertido.

Convencida. Además íbamos en coche. En el coche de Austen pero no el Volvo amarillo y desastroso. Uno azul, algo más nuevo. “Del 87, tu año”. Dijo Björn. Pero no, yo soy del 88. Soy más joven que ese coche.

Éramos Martin, Henrik, Björn, Austen y yo. Cuando pasamos por la parada de bus, vimos a Oskar y Austen hizo el amago de pasar a recogerlo y luego se fue. No oímos a Oskar pero estamos seguros de que nos llamó de todo.

Llegamos a Boulevard Park. Es un parque en Fairhaven, por lo visto todo el mundo había estado allí menos yo. Es muy, muy, muy bonito. En el parque hay una cafetería muy acogedora, de madera, con su chimenea y demás. Tiene mesas y sofás dentro y mesas en el exterior.

Salimos con los cafés y nos encontramos con Celine y José en las mesas de fuera. Estaban estudiando ahí. Nos sentamos todos juntos y tomamos los cafés. Luego decidieron que teníamos que ir a la tienda de esquís y snowboards de Fairhaven porque Björn y Oskar se habían comprado esquís nuevos y los habían llevado ahí para que le pusieran la parte donde encajas la bota.

Estuvimos ahí mirando cosas de esquís, Björn, Henrik y Austen se volvían locos. En esa tienda también venden bicicletas. Bicicletas de más de mil dólares.

Decidimos que íbamos a ir a esquiar el sábado, nos las ideamos para meter los esquís en el coche y volvimos a Birnam Wood.

Le estuve diciendo a José que si quería que fuera a esquiar teníamos que ir a comprar y alquilar todo lo que necesitábamos. Por otra parte, Christian, Murat y Alex iban a Seattle ese fin de semana. Estuve preguntando si alguien quería ir y sólo Kelly se apuntaba. Pero con tan poca gente Kelly estuvo conmigo en que no valía mucho la pena así que no fue muy difícil decirle que no iría a Seattle al final.

José me dijo que al día siguiente iríamos al centro comercial. Y me fui a dormir.

¡Halloween!

// Noviembre 10th, 2009 // No Comments » // Gente, Internacionales, fiesta

Me desperté bastante temprano y creo que no hice nada en especial en todo el día. Es decir, sí, deberes y cosas así… pero nada que sea divertido contar. Por la tarde Celine me dijo que teníamos que ir a casa de las holandesas y finlandesas porque todo el mundo se iba a ir a cambiar ahí.

- ¿Quiénes?

- Las holandesas, las finlandesas…

Le mando una mirada interrogativa.

- Supongo que Romaine… además vamos a cenar.

- Da igual, vale. Aunque tenía pensado ducharme y ponerme el disfraz directamente, así que me cambiaré aquí y luego vamos a cenar allí.

Eso hicimos, ducha, disfraz y a casa de las holandesas + finlandesas.

Las holandesas y las finlandesas tienen una lucha interna.

Las holandesas son más bien de mi estilo, estudiar y fiesta. Las finlandesas sólo tienen clase martes y jueves y se dedicaban a montar fiestas.

El colmo fue cuando se presentó Maarit, una de las finlandesas, delante de las holandesas con unas bragas amarillo chillón que ponía I LOVE PARTIES (me encantan las fiestas) y les dijo:

- Próximo martes: FIESTA DE ROPA INTERIOR. ¡Tenéis que compraros unas bragas como estas! Iremos con la ropa interior por encima de la ropa normal.

Imaginaos la cara de las holandesas.

En fin, en general se aguantan y fingen que se llevan bien.

Celine preparó comida. Yo pregunté si quería que le ayudara esperando un no por respuesta pero contestó que sí así que tuve que ayudar con la carne picada. Hicimos pasta con salsa de tomate, carne picada, tomate y creo que pepino. Estaba muy bueno.

José me preguntó si quería que hiciéramos una sesión de maquillaje extremo. Vale. Volví a casa y me puse la base de maquillaje. Luego llegó ella, me senté en la cocina y empezó a maquillarme. Es lo mejor, tenía que luchar para que no se me quedara la boca abierta. Además me quedó muy bien, para qué engañarnos.

Fuimos a casa de Austen de prefiesta. Básicamente para ver a todos como iban vestidos. Martin por ejemplo, iba de ducha. Genial. Celine dijo que se encontraba mal y que se quedaba en casa, que le avisara cuando fuera a casa de Chelsea.

Aquí lo que estabais esperando, una foto mía.

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Eso hice, nos fuimos Celine, Kelly, Soo y yo a casa de Chels. El autobús estaba lleno, todo el mundo iba disfrazado y todo el mundo quería ver que llevaban los demás. Había una que iba de facebook.

Por el camino les cuento a Kelly y a Soo que llevo medias porque hace mucho frío. ‘Panties’ aventuro, y parece que acierto con la palabra porque todas me entienden. Genial.

Llegamos a casa de Chelsea que iba de montañista, esperamos a que viniera una amiga suya y todas nos fuimos al centro a ver el baile de thriller. Sí, el de Michael Jackson. Por lo visto la tradición es que unos se disfrazan de zombies, otro de Michael Jackson y todos juntos lo bailan en el centro. Había muchísima, muchísima gente. Nos amontonamos todos ahí, la mitad de la ciudad colina abajo, los afortunados como nosotros en algún lugar colina arriba. Hasta Chelsea dijo que no sabía que hubiera tanta gente en Bellingham.

Vimos el baile y la gente se empezó a esparcir. De repente veo a una cebolla de Walla Walla hablando con dos chicos.

- ¡Kaylee!

- ¡Ana! -dicen los dos chicos, Brett y Nick, y Kaylee.

Abrazos a todos.

Al rato Kaylee me pregunta que con quién estoy, le pongo al día y vamos hacía donde estaban las otras. Justo antes de llegar a donde estaban las otras metemos los pies en un conjunto de barro y césped.

Kaylee: ¡Es asqueroso!

- Sí, bueno, yo por lo menos llevo ‘panties’.

Todas las americanas me miran.

Chelsea: ¿Qué quieres decir?

- ¡Kelly! ¡Tú me entiendes cuando digo panties! -y les enseño a que me refiero.

- ¡¡Aahh!!

Todas empiezan a reírse.

Kaylee: – Panties es bragas en inglés.

Genial. Me parto de risa, por supuesto.

- ¡También llevo panties, por supuesto!

Nos reímos un buen rato e, incluso cuando empezamos a caminar hacia algún bar, seguimos hablando de ello y preguntando formas de decir medias. Aun no lo tengo claro.

Kaylee se une a nosotras porque tiene una fiesta en la misma dirección. El camino hasta el bar es de lo más divertido y difícil. Los disfraces no ayudan a que la gente pasee sin chocarse los unos con los otros, y que se te vayan los ojos de disfraz a disfraz tampoco. Hasta los perros están disfrazados.

Nos despedimos en una esquina de Kaylee y cuando miramos hacia el bar al que pensábamos ir vemos la cola dar la vuelta a la esquina. ‘Mejor vamos a este otro’ dice Chelsea. Y todas estamos de su lado.

A la entrada del bar nos encontramos con Kaylee. O sea que esta era su fiesta.

- ¿Me estáis siguiendo?

- ¿No ibas a una fiesta?

- ¡He quedado con unos amigos aquí!

La noche fue de lo más divertida. Nos encontramos con Nick y Robert, los de la noche anterior. El bar estaba abarrotado de gente. Era uno de esos sitios donde la gente suele pedir jarras de cerveza para compartir en vez de una cerveza para cada uno.

Chelsea me contó que se quiere tatuar un bigote en un dedo para poder hacer el siguiente gesto:

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Yo le dije que era muy, muy mala idea.

- ¡Cuando se abuela no es lo mismo decir: ‘no hagáis esto’ que decir ‘no hagáis esto’ con el bigote!

Decidimos hacer una encuesta a la gente del bar. Le preguntamos a dos chicos y dijeron que se lo hiciera. Le dije que se lo preguntara a una chica. La chica dijo que no. Luego seguimos preguntando a todo el mundo. Yo les decía que no disimuladamente y si el chico decía que era mala idea, Chelsea soltaba:

- Lo dices porque te gusta ella.

- ¡Chelsea!

Al rato me puse a hablar con uno que iba de Harry Potter y de repente me suelta:

- Ese es el peor acento británico que he oído en mi vida.

- What? Fuck you! I’m from Spain!

En general fue una noche de lo más divertida. Chelsea y yo hicimos oficial que nos lo pasamos muy bien cuando vamos de fiesta juntas. Cuando los bares cerraron por supuesto no había forma de coger taxis y Chelsea se tiró como media hora al teléfono hablando con un millón de máquinas.

- ¡QUE QUIERO HABLAR CON UNA PERSONA!

Puede ser muy frustrante. Todos lo sabemos. Cuando conseguimos volver a casa, Soo y Kelly decidieron repetir lo de ir a comer a mi casa. Por mí genial. Esta vez Soo se fue a dormir a su casa. Más cómodo para todos.

De compras

// Noviembre 3rd, 2009 // No Comments » // Gente, Internacionales, Residencia, compras, fiesta

Cosas que se me han olvidado contar de días anteriores:

1. El martes cuando fui al supermercado, a la vuelta, vi una ardilla al otro lado de la calle. De repente la ardilla corre por el árbol y se pone en mi lado de la calle. Yo cojo y cruzo, la miro y veo una foto preciosa así que fui a sacar la cámara y justo en ese momento, la ardilla volvió a cruzar la calle. Yo me asusté y empecé a caminar mucho más deprisa con la compra.

2. El miércoles cuando volvíamos de casa de Johanna, Yukari le hizo saber a José que sabía que el sábado había dormido (sólo dormido) con Björn. Eso era un secreto, sólo lo sabemos en teoría Celine y yo. Digo en teoría porque todos los chicos de la habitación de Björn lo saben, y de ahí ya casi todos los internacionales. Yukari estaba histérica por la emoción que le supone a ella cualquier cosa que a los europeos nos deja completamente fríos, pero se dio cuenta de que había metido la pata diciéndole a José que lo sabía. Así que por la noche empezó a enviarle mensajes a Celine pidiéndole perdón.

Celine me preguntó si Yukari estaba en facebook. Le dije que sí y me dijo que le dijera algo para que no se pusiera histérica.

- Yukari, Celine está llorando.

- ¿Qué?

Le empecé a contar que todas las holandesas se habían enfadado con Celine y que ahora Celine estaba fatal y demás… luego le dije que era broma pero Yukari seguía en estado de shock y no me entendía. No paraba de repetir cosas como: ‘me voy a morir’, ‘estoy tan deprimida que no me puedo dormir’ y ‘no voy a poder volver a ver a José en mi vida’. Al final le dije que me tenía que ir a dormir y me dio las gracias por animarla, seguido de un ‘me voy a morir’. Animadísima.

El jueves me desperté y fui a frisbee. Como llovía hicimos clase dentro. El profesor decidió ampliar el número de lanzamientos que sabíamos de 2 a 7. Así de fácil. Básicamente estuvimos toda la clase recogiendo el frisbee. El profesor se puso unas cuantas veces al lado mío para decirme cómo lo tenía que hacer. Creo que le caigo bien porque 1. soy la extranjera y 2. nos hemos lanzado el frisbee en varias clases ya.

Mientras nos enseñaba como hacer los lanzamientos tiraba apuntando a canasta y al 5º tiro o así, encestó con el frisbee. Increíble. Se puso súper contento y empezó a saltar y demás. Todos le aplaudimos, faltaría más. Al final de la clase unos cuantos chicos y alguna chica intentaron meter canasta.

Volví a casa, me duché y estuve haciendo deberes hasta que fueron las 12 y Celine y yo fuimos a buscar a José. Las tres nos fuimos al centro comercial a buscar sus trajes de Halloween. Por lo visto al lado de Bellis Fair había una tienda muy grande y barata que también tenía disfraces. Llegamos y la verdad es que sí que era enorme. Yo me compré un collar que añadir a mi disfraz, Celine accesorios para ir de pirata y José de demonio.

Luego entramos en el centro comercial y fuimos a comer algo antes de seguir con las compras. Más tarde, de camino a Target, vi una tienda que tenía muchas camisetas chulas. Se lo comenté y José dijo que si quería podíamos entrar. Así que entramos. La tía se puso a hablar con nosotros y a preguntarnos que íbamos a ser en Halloween y como yo no sabía como explicar mi disfraz me hice la despistada mirando ropa. Al rato oí que la chica decía que tenía unos pantalones por 7 dólares cada uno. ¡Una ganga! Todos eran de colores muy vivos. Cogí unos para comprobar si era mi talla y acerté de pleno. Me compré unos entre rojo y rosa y otros entre lila y azul.

Luego fuimos a Target porque Celine necesitaba unas cuantas cosas. De paso decidimos ir a ver las bicicletas, vi una muy chula por algo menos de 100 dólares. Le pedimos a una a ver si la podíamos ver, nos la bajó y nos mandó a pagar. Nos quedamos flipando. Los americanos dicen que eso no es lo normal. En fin, ya tenía la bicicleta, me compré un casco y un candado y fuimos a pagar. Hasta la cajera se quedó sorprendida de lo barato que me salió todo.

José quiso volver a una tienda de ropa a comprarse una camiseta. Celine y yo esperábamos fuera pero al rato Celine dijo que iba a entrar a ver qué pasaba. De repente se acerca uno de seguridad o policía, no me quedó claro y me dice:

- ¿La bicicleta?

- ¡Oh, no! Es que la acabo de comprar ahora mismo…

- ¿Qué hace aquí?

- ¡La acabo de comprar ahora mismo!

- ¿Donde?

- ¡En Target!

Se me queda mirando fijamente.

- Le puedo enseñar el ticket.

- No, no es necesario, pero esto… -dice señalando la espada de pirata de Celine que estaba en el suelo- parece muy afilado, voy a tener que pedirle que lo meta en el coche.

¿Afilado? ¿Coche?

- ¡Oh, no, no! ¡Es un disfraz de Halloween! ¿Ve?

- Oh, sí, ya veo.

- Es que estoy esperando a mis amigas que están en esa tienda y ya nos vamos.

- Vale, porque la bicicleta no puede estar dentro.

- Vale.

- Qué tenga un buen día.

- Y usted.

No fue una conversación a malas pero sí muy, muy rara. Ahora lo pienso y no sé si me tomaba el pelo o qué. Antes de que Celine entrara a la tienda me metí en una tienda de móviles con la bicicleta para pedir unas tijeras. El chico me dijo que era la primera vez que alguien entraba con una bicicleta. Por alguna razón me pareció de lo más gracioso.

Después nos acercamos a otra tienda a comprar luces para la bici (seguridad ante todo) y de paso pedí que me las montaran. Salimos por la puerta que daba al exterior. Caía el diluvio universal y me puse a probar la bici de camino a la parada del bus. Una vez ahí esperamos a que viniera el bus. Cuando apareció las tres nos pusimos delante del bus a adivinar como funcionaba la cosa que tienen para poner las bicis. El chófer nos daba indicaciones pero no nos resultó demasiado fácil. Cuando entramos le di las gracias y le expliqué que había sido nuestra primera vez, como si hiciera falta aclararlo.

En el bus decidimos que Celine y yo nos bajaríamos en Viking Union para ir a la oficina de internacionales a ver si estaba Kaylee y le podíamos hablar del laberinto de maíz y de paso intentar sacarle el tema de acción de gracias. Cuando conseguimos bajar la bici nos encontramos con Karin que nos dijo que la oficina estaba cerrada. Celine dijo que si no me importaba se iría en bus. Vale. Entré en Viking Union y pedí unas tijeras para quitarle la etiqueta al casco. Me lo puse, me subí a la bici y crucé la universidad. Empecé a pillarle el truco a todo el rollo de las marchas justo antes de tener que elegir entre el bosque o la carretera. Decidí el bosque. Mal.

Tengo que decir que las cuestas hacia arriba son difíciles, hacia abajo asustan y mi abrigo y pantalones acabaron llenos de barro. Cuando llegué a casa me di cuenta de que no tenía las llaves pero todas las luces estaban encendidas así que toqué a la puerta. Nadie contestó. Llamé a Nell y me dijo que fuera a buscar las llaves a casa de Eunji. Según ella la bici me salió cara. Le dije que ni hablar, que en Europa eso era barato. (Sobre todo si encima lo traducimos a euros…). Volví a casa y comprobé que no había nadie pero que sí, todas las luces estaban encendidas. Metí la bici en el trastero y estuve haciendo tiempo en casa.

Más tarde fuimos a la prefiesta antes de la noche de los 80. De camino a casa de Christian me resbalé (había estado lloviendo todo el día) pero no fue nada muy espectacular. Estuvimos todos ahí sentados como siempre… sólo comí patatillas pero al rato me di cuenta de que me faltaba un trozo de muela. Fui a verme al espejo y sí, oficialmente me falta un trozo de muela. No duele pero es molesto porque no paro de tocarlo con la lengua. Además me preocupa que sea malo.

Se lo conté a todos, Karin y Celine quisieron verlo. Le expliqué a Karin que era muy incómodo y me dijo que mi forma de decir ‘incómodo’ es muy sexy. Y que mi acento en general es sexy. O sea que piensa lo mismo que los chicos que me lo dijeron en Seattle. Me gustaría saber cómo sueno.

Luego nos fuimos a Nightlight. No había mucha gente, suponemos que porque era Halloween. Celine no quiso venir pero si que vinieron otras como Soo. Para variar estábamos ahí bailando y alguien me toca el brazo:

- ¡Kaylee!

Abrazo.

- ¡Qué bueno! Justo ahora pensaba en ti.

Otro abrazo. En serio, creo que empiezo a pillarlo. Lo normal cuando conoces a alguien es o sólo saludar con palabras o dar la mano. A partir de ese momento se puede quedar en saludar con palabras o, si te cae bien, en abrazos. Mola.

Un chico que iba vestido de chica se puso a hablar conmigo y me preguntó de dónde era le dije que de España y me dijo que mi acento era sexy. Luego estuvo haciéndose notar en mi campo de visión toda la noche.

Cuando nos cansamos de bailar Kaylee y yo fuimos a sentarnos y a hablar en español. Es genial porque le puedo contar lo que sea y no se enteran (aunque voy con cuidado porque en realidad nunca se sabe). Le conté lo de mi diente y me pidió verlo pero en la oscuridad de la discoteca no vio nada. Luego le hablé de acción de gracias y se quedó con la expresión que pone cuando no entiende de que le hablo (cuando hablamos en español).

- ¿Sabes cómo se dice “Thanksgiving” en español?

- No.

- Acción de gracias.

- Tú vienes conmigo.

- Si me invitas…

- ¡Pero claro!

¡Bien! ¡Ya tengo plan para tener mi primer acción de gracias!

Se acabó la fiesta. A la salida le pregunté a Kaylee si se iba a acordar de que me había invitado a acción de gracias. Me dijo que claro y yo le dije que me había dicho una vez que tenía mala memoria. Se rió y me dijo que seguro que se acordaba de eso. Así que volvimos a casa. Martin dijo de tomar una última cerveza. A mí no me apetecía pero les dije que podían venir a mi casa. Estuvieron unos 20 minutos o así, lo que tardaron en tomarse una lata los chicos: Alex, Christian y Martin. Mientras Cora y yo comíamos crackers (o galletitas saladas, como lo queráis llamar). Cuando se fueron Alex me dio dos besos y fue toda una sorpresa:

- ¡Creo que son mis primeros dos besos en los estados!

- Sí, yo también lo he pensado.

Se fueron y me fui a dormir.

Mi primer examen de escribir

// Octubre 29th, 2009 // 1 Comment » // Internacionales, Room, clase

Me desperté, desayuné y me fui a clase.

Durante las dos primeras clases atendí mientras repasaba el examen que tenía durante la tercera hora.

La primera la podía descartar ya que hablaba de normalización de bases de datos y eso se me da bastante bien. La segunda es algoritmos así que le hice bastante más caso.

Llegué a la hora del examen y nos sentamos como siempre. El profesor entró y nos pidió que nos separáramos un poco. Vale, tenía sentido ya que la clase es enorme y somos súper pocos. El examen era de preguntas cortas. Lo leí y quedé bastante contenta porque vi que me sabía casi todas las preguntas. Las otras escribí algo utilizando mi sentido común.

Volví a casa, comí y a clase otra vez…

La aburrida clase de Operations Management. Estuve hablando con Katie antes del examen y me dijo que hubo un montón de momentos en que tiraban purpurina y eso era lo que más le gustaba. Muy Katie, pensé. Que si recordaba como me dijo que ella pensaba que iban a remontar y justo remontaron. ¡Pues sí! Luego me dijo que ella tenía pases de temporada y que iba a todos los partidos. Su hermano pequeño le acompañaba a Seattle. Ella es del norte de Seattle. Un rollo raro, no acabo de entender que la lleve su hermano pequeño, o vaya con amigos o incluso en bus antes de conducir ella.

Entramos en clase y nos dieron los deberes y el examen corregido. ¡Un 84 de mi primer examen y un 100 en los deberes! ¡Sí! Katie sacó exactamente lo mismo. Nos habíamos equivocado en diferentes preguntas, menos la última que las dos nos la inventamos.

El profesor empezó a comentar las preguntas y cuando llego a la última empieza:

- Esta era muy fácil.

Katie y yo nos miramos y nos reímos un poco.

- La mitad de la clase la tiene bien.

Miradas, más risas.

- Sólo la mitad de la clase se quedó a la segunda hora así que supongo que son esos los que la tienen bien.

¡Katie y yo siempre nos quedamos a las dos horas! Así que nos volvimos a mirar y ya sí que risas totales.

Durante el descanso le conté a Katie lo de que se muriera alguien en el hostal y lo bien que lo pasamos en Seattle y por alguna razón la imagen de nosotros haciendo el check out y que sacaran el cuerpo le hacía mucha gracia y yo pensaba: vale, te entiendo. Algunas situaciones que no deberían ser graciosas por alguna extraña razón te pueden parecer graciosas ¡pero un poco de control!

Acabó la clase, fui a por el bus y me encontré a Celine. Yo había pensado ir a Haggen pero caía el diluvio universal así que lo dejé para el día siguiente.

Fuimos a casa y estuve haciendo deberes y demás. Durante un rato hablé con Celine y me dijo que José, la otra holandesa, se moría de ganas de alisarme el pelo pero que no tenía la plancha buena aquí. Me mata. Pero que sí que José quería verme con el pelo liso.

Y ese día poco más. Me fui a dormir y creo que eso fue todo.