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Mount Baker

// Enero 5th, 2010 // No Comments » // Deportes, Gente, Internacionales, fiesta

El sábado me desperté a las seis y algo de la mañana. Desayuné, llamé a casa y me empecé a vestir.

Al rato José tocó a la puerta. La dejé pasar mientras me acababa de vestir. Decidimos que no nos íbamos a llevar el paquete de Doritos porque si la que los llevaba se caía, todas las patatillas se convertirían en polvo.

Cuando estuvimos listas llamamos a la puerta de Björn. Él y Oskar seguían desayunando a su ritmo. Increíble. Nos mandaron a despertar a Henrik que según ellos, seguro que se había quedado dormido. Cuando llegamos a la puerta de Henrik casi nos chocamos con él, que salía ya, con todo listo. Bajamos otra vez. Oskar y Björn estaban comiendo plátanos y Oskar nos enseñó que tira las pieles de plátanos por el balcón. Para que luego os parezca mal que tirara la calabaza de Halloween por el balcón.

Al fin salimos de ese apartamento y nos metimos en el mini coche. Ya habíamos probado si cabíamos y metido los esquís y snowboards el día anterior así que ya sabíamos como colocarnos. Primera parada la gasolinera. Cinco dólares por persona y empezamos el viaje. Música reggae de parte de Björn, que había hecho el CD a propósito para el viaje, los esquís atravesando el coche… y al rato, nieve al otro lado de la ventana.

Les hice esa foto desde mi sitio al otro lado de los esquís. Cuando digo que los esquís atravesaban el coche, no exagero.

Esta la hizo José. Es el genial paisaje que veíamos de camino a Baker.

A la mitad decidimos parar a por café. Entramos en una tienda que tenía una parte de cafetería. Mientras estábamos en la cola Björn cogió unos periódicos. Al ir a pagar, repitió el tipo de café que había pedido y la chica le dijo: ‘Y los periódicos, ¿no?’. Björn la mira, mira los periódicos y salta: ‘¡Ah no! ¡Pensaba que eran gratis!’ Esos no lo eran. La chica le dijo que había algunos gratis al final de la tienda pero Björn dijo que daba igual.

Nos sentamos en una mesa a esperar que los chicos fueran al baño. Había una cola enorme para el baño de chicos y NADIE en el baño de chicas. Increíble, lo sé. Cuando por fin acabaron, volvimos al coche. Mi puerta del coche estaba un poco mal y había que hacer mucha fuerza tanto para abrir como para cerrar. Sobre todo para abrir. Y ya el más difícil todavía es abrir con un café en la mano. Se salió un poco de café pero casi nada. Entramos al coche, me puse el cinturón haciendo malabares. Primera curva, el café saltó desde dentro del vaso, por el agujerito de la tapa típica de Starbucks y cafés para llevar en general y acabó en mi ojo y en otros lados de mi cara. Qué risa. Menos mal que habíamos cogido bastantes servilletas.

Por fin llegamos a las pistas. Aparcamos en un muy buen sitio y justo después aparcó otro coche detrás de nosotros. Björn le dio las gracias porque ‘no nos fiamos mucho del freno de nuestro coche’. El chico se río pero estoy segura de que no le debió hacer mucha gracia.

Hora de ponerse las botas. Horrible. Una me la puse muy fácil. La otra no había manera. Al final Oskar me ayudó a ponérmela y me la puso súper apretada. Pero ya estaba puesta. Cogimos los esquís y empezamos a caminar hacia la cola para comprar las entradas. Había cuatro o cinco ventanillas. Una de ellas era sólo para pagar en efectivo y estaba vacía. Imaginaos, ¡todo el mundo llevaba tarjeta! Yo llevaba dinero en efectivo así que tuve mi entrada sin hacer cola. Me dieron una pegatina y fui a ver a los demás. Björn me dijo que se me había olvidado recoger una cosita metálica donde pones la pegatina para que cuelgue de la cremallera de tu chaqueta. Estaba claro que soy una profesional de la nieve. Cuando ya estábamos listos nos hicimos una foto.

Y empezamos a esquiar. Yo, evidentemente, era la última, aunque no me llevaban mucha ventaja. Lo malo es que si ellos decían: ‘coge velocidad’, yo decidía que prefería ir despacito y luego me quedaba a la mitad de las cuestas hacia arriba. Un desastre. Cogimos un telesilla. En Mount Baker los telesillas no tienen ni la barrita de delante para que no te caigas ni la barra para apoyar los esquís. Hasta a José le pareció una locura. En el telesilla de delante iban Björn y Oskar y en el de detrás Henrik, José y yo. Yo en medio. De repente, se paró. Estuvimos un montón de tiempo parados y Henrik empezó a valorar la idea de saltar del telesilla. Yo le pedía que no lo hiciera porque sin barritas ni nada, el telesilla se movería mucho y ya me veía en el suelo también. Vimos como Björn y Oskar también sospesaban la idea. Al final nadie salto, menos mal. La máquina empezó a moverse y se volvió a parar.

En fin, al final llegamos arriba, bajamos del telesilla y empezamos a bajar la montaña. Os recuerdo que yo era la más lenta y José iba bajando trozos y esperándome. De repente me pareció que iba demasiado rápido. Me asusté,  me salí del camino, los esquís tropezaron con algo, volé a lo Superman y acabé sin los esquís y con la cara enterrada en la nieve. Intenté levantarme pero mis brazos se hundieron en la nieve. Cuanto más intentaba salir, más me hundía. José estaba un poco más abajo mirándome y preguntándome si estaba bien. Bien estaba, pero no conseguía salir de ahí. Al final apareció un chico con un snowboard y me dijo que lo cogiera por el otro lado y me sacaría de ahí. Me agarré con todas mis fuerzas y agradecí que José me hizo comprar guantes de nieve porque me hubiera hecho mucho daño si no. Salí del montón de nieve en polvo y otro chico apareció con mis esquís en sus brazos. Gracias, gracias.

Así acabé:

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Sí, lo de detrás es parte de la cuesta por la que me caí.

Cuando llegamos abajo los chicos ya estaban haciendo cola en otro telesilla y nos colaron. Subimos y más de lo mismo. Mucha velocidad, me asusté, salí del camino y esta vez fue mucho peor. Tenía una de las piernas completamente enterrada en la nieve. Aun así no podía parar de reír. No sé cómo conseguí salir, pero lo hice. Cuando llegamos abajo ya no encontramos a los chicos. Así que al final decidimos ir solas y toda la mañana fue igual, yo me caía, me caía y me volvía a caer. La última vez que me caí esa mañana me hice bastante daño porque del impacto reboté. Además mis esquís se quedaron a la mitad de la cuesta y como esta vez era bastante empinada, nadie iba a velocidad suficiente como para pararse y recogerlos por mí. Tuve que gatear hacia arriba. Cuando los tuve los cogí fuerte y empecé a intentar dejarme caer por la cuesta pero resulta que o bien la nieve no resbala o los pantalones de nieve no te dejan resbalar. Un desastre. Al final decidí volver a ponerme los esquís. José decía que tenía los dedos de los pies congelados y que necesitaba ir al restaurante.  Me enseño a deslizarme con los esquís en vez de esquiar de verdad. Estuve haciendo eso un buen rato y diciéndole: ‘esto se parece más a hacer snow, ¡debe ser que lo mío es el snow!’. Y ella: ’sí, se ve que sí’. Yo le decía: ‘Esto es muy difícil. Nos hemos metido en una pista complicada.’ Y ella me decía una y otra vez que no. Luego me dijo: ‘¡Ana! ¡Ya casi estamos! ¡Mira lo que has hecho!’. Me di la vuelta y casi me muero de lo empinada que estaba la cuesta que acabábamos de hacer. Me dijo que había sido una cuesta bastante difícil y yo la maté por decirme que no lo era cuando sí que lo era. Pero a la vez estaba muy orgullosa de mí misma.

Cuando por fin llegamos al restaurante, el sitio estaba lleno. Subimos al piso de arriba y vimos a unos que se iban. Perfecto. Nos sentamos ahí y agradecimos haber traído comida de casa. José me dio el sandwich de Nutella que me había preparado. Sí, me sentí muy mimada y muy bien. Al rato conseguimos hablar con los chicos y vinieron a comer con nosotros. Björn tenía galletas para todos y nos dijo que nos sentarían genial. Durante la comida le envié un mensaje a Chelsea y otro a Kaylee y acabé quedando con Chelsea para ir a cenar sushi y que me desmotrara que el sushi bueno, esta muy bueno. Se lo dije a los otros pero no querían venir.

Todos se desabrocharon las botas pero yo no lo hice porque ya me había costado bastante esfuerzo atarlas. Cuando nos íbamos le dije a Björn que no me las había soltado y me dijo que me las soltara de camino a los esquís, que él me ayudaría a atarlas. Y la verdad es que me las ató mucho mejor. También me dijo que después de comer iríamos juntos él y yo y así José podría ir con los otros y pasarlo bien. Resulta que Björn ha sido profesor de esquí durante 9 años. Nos subimos a un telesilla, José, Oskar y Henrik empezaron a bajar y Björn me dijo que bajara delante de él. Bajé un trozo, me dio unas indicaciones. Bajé otro trozo, ¿dónde está Björn? Empecé a darme la vuelta para ver si estaba detrás mío y acabé en el suelo de nuevo.

Después de bajar dos veces con Björn, les dije a todos que podían ir juntos a una negra y yo volvería a hacer la azul. Hice la pista más fácil de las dos que habíamos hecho aunque no tenía muy claro que fuera más fácil y tuve que preguntarle a una chica que me dijo que sólo había hecho la de la derecha (la fácil).

Cuando me reencontré con ellos Björn me preguntó si había hecho la de la izquierda y le dije que no, que iba sola y prefería hacer la más fácil. ¡Porque la de la izquierda era bastante difícil! Lo bueno es que al saber que Björn fue profesor de esquí, iba súper tranquila.
Todos me dijeron que había mejorado muchísimo. Al final nos volvimos a separar, los chicos fueron a hacer alguna locura como esquí fuera de pista y José y yo otra pista azul. Nos hicimos fotos y demás y fuimos bajando. La pista era entre árboles. ¡Muy guay! Una chica me preguntó algo de las pistas y yo le dije que le preguntara a mi amiga que se enteraba más. Y sí, José le contestó sin problemas.
Cuando llegamos al parking, llamamos a Henrik y en broma le dije que estábamos donde habíamos comido. O sea, bastante lejos teniendo en cuenta que las pistas cerraban ya. El pobre chico se empezó a hacer un lío y al final le pasé con José.
Mi gemela, José, y yo empezamos a ir hacia el coche y una chica nos paró para preguntarnos si podíamos llevarla a un sitio que estaba muy cerca de ahí. Le dijimos que estábamos con el coche lleno pero que si se quería estrujar que igual podíamos hacerle un hueco. El único hueco que José le ofrecía era que se sentara apretujada conmigo ya que ella iba apretujada con Henrik. La chica nos dijo que buscaría otro coche pero que si no encontraba nada vendría con nosotros. Al rato nos la encontramos otra vez y nos dijo que había encontrado otro coche. Mejor.
Llegamos al coche y empezamos a hacernos fotos, guerra de bolas de nieve, ángeles (José no sabía lo que era un ángel y eso que va a esquiar cada año), intento de muñeco de nieve… más guerra de bolas de nieve… muy, muy divertido.

Al rato aparecieron Björn y Oskar, les preguntamos dónde estaba Henrik y nos dijeron que como le habíamos dicho a Henrik que estábamos donde habíamos comido, estaba buscándonos. Al final apareció. Nos metimos en el coche y se les ocurrió la genial idea de pararnos en un sitio italiano a picar de un plato que incluía queso, lomo, aceitunas y demás embutidos. Estaba muy bueno pero todos estábamos muy, muy cansados.

Luego decidieron que tenían que ir a pagar al señor que les alquilaba la caseta donde iban a pasar año nuevo. Yo estaba preocupada porque iba a llegar súper tarde a lo de Chelsea y no tenía cobertura. Cuando conseguí cobertura le envié un mensaje a Chelsea que me contestó diciendo que ella también llegaba tarde. Mucho mejor.

Llegué a casa, me duché corriendo y me vestí. Chelsea no paraba de meterme prisa. Cuando estuve lista fui a casa de Kelly y las tres fuimos al sitio del sushi. La verdad es que lo que comí estaba buenísimo. Eso sí, algunos trozos tenían cola. Y eso no me hacía mucha gracia. Pero esos trozos se los comió Chelsea, que también me dio dos trozos de lo que pidió ella. La verdad es que elegir lo que quería fue bastante difícil ya que Chelsea decía que todo estaba buenísimo.

Salimos del japonés y llovía. Yo era la única que llevaba un abrigo con capucha. Kelly nos contó esa noche que iba a intentar quedarse más tiempo.

Llegamos a Birnam Wood, Chelsea volvió a su casa para dejar el coche. Hicimos una mini prefiesta y fuimos todos a Rumours. Sara, la sueca, estaba esperándonos en la puerta porque había estado con otros pero cuando fuimos a entrar le dijeron que, evidentemente, sin pasaporte no iba a entrar. Se enfadó muchísimo porque los demás entramos pero ¿hola?: estamos todos juntos, venimos de Birnam Wood en el último bus para salir, si tú eres la única que, además de que nunca sale con nosotros, te dejas el pasaporte el único día que decides que te apetece vernos, no vamos a quedarnos contigo.

De los que fuimos a esquiar solo Henrik se apuntó a salir. Fue una noche muy divertida aunque todos dijeron que estaban muy cansados y se fueron yendo a casa. Chelsea y yo nos quedamos un montón de tiempo hablando hasta que ella preguntó por qué seguíamos en Rumours si lo único que hacíamos era hablar. Así que fuimos a su casa a ver la súper fiesta disco que había ahí. Sí, súper, súper fiesta. Al más puro estilo fiesta en casa de Chelsea. Nosotras nos sentamos en la escalera a seguir hablando y hablando hasta que pensé que Chelsea se iba a quedar dormida ahí en medio y le dije que me iba a casa. Me llamó a un taxi y me acompañó hasta él. Adivinad quién era. ¡El taxista del día anterior! El que nos recogió a José, Celine y a mí. Me dijo: ‘Hola Ana, ¿qué tal Mount Baker?’. Increíble. Estuvimos hablando todo el camino a casa de Mount Baker, de los turnos que prefiere hacer y de que los taxistas cobran el sueldo mínimo más propinas. Luego llegué a casa y me fui directa a dormir.

Nos vamos de excursión

// Noviembre 12th, 2009 // No Comments » // Gente, Internacionales, hiking

El domingo me desperté bastante pronto y mientras desayunaba, hablé con Chelsea sobre lo divertida que fue la noche anterior. La verdad es que lo fue mucho pero mi constipado no estaba mejorando precisamente.

- ¿Quieres ir de excursión?

- ¡Vale!

Sí, en fin, ya se curaría el constipado. Había decidido ignorarlo.

Chelsea pasó a recogernos por Birnam Wood y condujo hasta la entrada de la Stimpson Family Reserve. (El nombre es un enlace así que si hacéis click podréis ver fotos y demás. Juro que no encontré babosas.)

Eramos Kelly, Lauren (una de las 16 compañeras de habitación de Chelsea), Chelsea y yo. La reserva resultó ser un círculo principal con varios caminos que salían de él. Nos quedamos en el círculo principal. La verdad es que tardé bastante en darme cuenta de que era un CÍRCULO principal y que no íbamos a tener que volver a hacer todo el recorrido. Chelsea había dicho que lo único que necesitábamos para hacer está excursión era estar despiertas. Luego admitió que se había pasado exagerando y que era algo más dura de lo que pensaba. Tampoco mucho pero hubo un momento en el que nos sentamosen uno de los bancos que había por ahí.

Aproveché el camino para hablarles de mis compañeras de habitación asiáticas. De como Ha piensa que los europeos y americanos estamos gordos porque no limpiamos el arroz y sobre como nuestro balcón parece una nevera porque se dedica a dejar la verdura ahí.

Chelsea dijo que no estaba segura de que el “grass” creciera por si mismo porque nunca ha visto extensiones de “grass”. Yo enseguida pensé que se refería al césped y dije que ¡claro que sí! y Kelly me apoyó. Ahora lo he buscado en el diccionario y grass puede significa muchas cosas… hasta marihuana. ¿Se refería a eso? ¡Entonces yo qué sé!

De repente Lauren pegó un grito.

A menos de 10 metros había dos ciervos enormes. Todas nos quedamos calladas y quietas y como mucho, susurrábamos mientras el que tenía los cuernos nos miraba fijamente. Lauren dijo que su acto reflejo había sido taparse los ojos “por eso de que si yo no lo veo igual él no me ve a mí”. Todas le dimos la enhorabuena. Al cabo de un rato muy, muy largo, se empezaron a alejar. La hembra básicamente había estado comiendo pero el macho se pasó el rato mirándonos fijamente.

Cuando volvimos a caminar Chelsea me preguntó si estaba bien.

- Sí, sí.

- Es que no le gustan los animales -le explicó a Lauren.

- Bueno, no es que no me gusten. No me gusta tocarlos, de lejos sí que me gustan.

- Yo te hubiera defendido si se te hubiera acercado el ciervo.

- Sí, estoy segura.

Poco antes de acabar el recorrido Chelsea propuso ir a comer donuts después de una excursión como esta. Todas nos apuntamos.

Había un padre y un hijo corriendo el círculo ese. Corriendo. Nosotras moríamos a ratos caminando. Poco más que añadir.

Llegamos de nuevo al coche, subimos y fuimos al sitio de los donuts. Imaginaos esta escena en cualquier película, no cambiéis nada, es exactamente igual. Fuimos en un coche grande a un bar que tenía  un par de comercios a su lado: una peluquería y no sé qué más. Y nada más. Bosque y carretera.

No tenía ni idea de qué donuts comprar así que dejé pasar a las otras tres. Cuando iba a pedir vino Chelsea:

- ¿Qué vas a pedir?

- Ese (donuts relleno de frambuesa).

- Oh… bien.

- ¿Por qué lo has dicho así?

- No, está bien, sólo que creo que deberías pedirte algo más.

- Bueno si quiero algo más lo pediré luego…

Pedí y me fui a la mesa. Lauren y Chelsea estaban sentadas una delante de la otra y al lado de Lauren, Kelly.

- ¿Me tengo que sentar contigo?

- Bueno, eso parece…

- Oj.

Todas se rieron. Pillan mis bromas. ¡Bien!

Después Chelsea nos llevó a casa.

- Bueno, te veo mañana -me dijo Chelsea, recordad que tenemos una clase juntas.

- Bueno, yo te veo mañana pero tú nunca me miras a mí así que… -siempre intento saludarla pero nunca me mira así que sólo vamos a esa clase juntas pero no hablamos ni nada.

- ¡Sí que te miro! Pero cuando te miro no me miras.

- Sí, claro.

- Vale, vamos a hacer una cosa. A las 4:35 nos miramos.

- Vale. ¡Hasta mañana!

Y me fui a casa, me hice algo para comer porque seguía muerta de hambre (sí, por lo visto un donuts no era suficiente pero tampoco iba a comer de donuts, así fue como si hubiera tomado el postre antes de comer) y me puse a estudiar el resto de la tarde.

Y creo que no paso nada más entretenido hasta que me fui a dormir.

¡Halloween!

// Noviembre 10th, 2009 // No Comments » // Gente, Internacionales, fiesta

Me desperté bastante temprano y creo que no hice nada en especial en todo el día. Es decir, sí, deberes y cosas así… pero nada que sea divertido contar. Por la tarde Celine me dijo que teníamos que ir a casa de las holandesas y finlandesas porque todo el mundo se iba a ir a cambiar ahí.

- ¿Quiénes?

- Las holandesas, las finlandesas…

Le mando una mirada interrogativa.

- Supongo que Romaine… además vamos a cenar.

- Da igual, vale. Aunque tenía pensado ducharme y ponerme el disfraz directamente, así que me cambiaré aquí y luego vamos a cenar allí.

Eso hicimos, ducha, disfraz y a casa de las holandesas + finlandesas.

Las holandesas y las finlandesas tienen una lucha interna.

Las holandesas son más bien de mi estilo, estudiar y fiesta. Las finlandesas sólo tienen clase martes y jueves y se dedicaban a montar fiestas.

El colmo fue cuando se presentó Maarit, una de las finlandesas, delante de las holandesas con unas bragas amarillo chillón que ponía I LOVE PARTIES (me encantan las fiestas) y les dijo:

- Próximo martes: FIESTA DE ROPA INTERIOR. ¡Tenéis que compraros unas bragas como estas! Iremos con la ropa interior por encima de la ropa normal.

Imaginaos la cara de las holandesas.

En fin, en general se aguantan y fingen que se llevan bien.

Celine preparó comida. Yo pregunté si quería que le ayudara esperando un no por respuesta pero contestó que sí así que tuve que ayudar con la carne picada. Hicimos pasta con salsa de tomate, carne picada, tomate y creo que pepino. Estaba muy bueno.

José me preguntó si quería que hiciéramos una sesión de maquillaje extremo. Vale. Volví a casa y me puse la base de maquillaje. Luego llegó ella, me senté en la cocina y empezó a maquillarme. Es lo mejor, tenía que luchar para que no se me quedara la boca abierta. Además me quedó muy bien, para qué engañarnos.

Fuimos a casa de Austen de prefiesta. Básicamente para ver a todos como iban vestidos. Martin por ejemplo, iba de ducha. Genial. Celine dijo que se encontraba mal y que se quedaba en casa, que le avisara cuando fuera a casa de Chelsea.

Aquí lo que estabais esperando, una foto mía.

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Eso hice, nos fuimos Celine, Kelly, Soo y yo a casa de Chels. El autobús estaba lleno, todo el mundo iba disfrazado y todo el mundo quería ver que llevaban los demás. Había una que iba de facebook.

Por el camino les cuento a Kelly y a Soo que llevo medias porque hace mucho frío. ‘Panties’ aventuro, y parece que acierto con la palabra porque todas me entienden. Genial.

Llegamos a casa de Chelsea que iba de montañista, esperamos a que viniera una amiga suya y todas nos fuimos al centro a ver el baile de thriller. Sí, el de Michael Jackson. Por lo visto la tradición es que unos se disfrazan de zombies, otro de Michael Jackson y todos juntos lo bailan en el centro. Había muchísima, muchísima gente. Nos amontonamos todos ahí, la mitad de la ciudad colina abajo, los afortunados como nosotros en algún lugar colina arriba. Hasta Chelsea dijo que no sabía que hubiera tanta gente en Bellingham.

Vimos el baile y la gente se empezó a esparcir. De repente veo a una cebolla de Walla Walla hablando con dos chicos.

- ¡Kaylee!

- ¡Ana! -dicen los dos chicos, Brett y Nick, y Kaylee.

Abrazos a todos.

Al rato Kaylee me pregunta que con quién estoy, le pongo al día y vamos hacía donde estaban las otras. Justo antes de llegar a donde estaban las otras metemos los pies en un conjunto de barro y césped.

Kaylee: ¡Es asqueroso!

- Sí, bueno, yo por lo menos llevo ‘panties’.

Todas las americanas me miran.

Chelsea: ¿Qué quieres decir?

- ¡Kelly! ¡Tú me entiendes cuando digo panties! -y les enseño a que me refiero.

- ¡¡Aahh!!

Todas empiezan a reírse.

Kaylee: – Panties es bragas en inglés.

Genial. Me parto de risa, por supuesto.

- ¡También llevo panties, por supuesto!

Nos reímos un buen rato e, incluso cuando empezamos a caminar hacia algún bar, seguimos hablando de ello y preguntando formas de decir medias. Aun no lo tengo claro.

Kaylee se une a nosotras porque tiene una fiesta en la misma dirección. El camino hasta el bar es de lo más divertido y difícil. Los disfraces no ayudan a que la gente pasee sin chocarse los unos con los otros, y que se te vayan los ojos de disfraz a disfraz tampoco. Hasta los perros están disfrazados.

Nos despedimos en una esquina de Kaylee y cuando miramos hacia el bar al que pensábamos ir vemos la cola dar la vuelta a la esquina. ‘Mejor vamos a este otro’ dice Chelsea. Y todas estamos de su lado.

A la entrada del bar nos encontramos con Kaylee. O sea que esta era su fiesta.

- ¿Me estáis siguiendo?

- ¿No ibas a una fiesta?

- ¡He quedado con unos amigos aquí!

La noche fue de lo más divertida. Nos encontramos con Nick y Robert, los de la noche anterior. El bar estaba abarrotado de gente. Era uno de esos sitios donde la gente suele pedir jarras de cerveza para compartir en vez de una cerveza para cada uno.

Chelsea me contó que se quiere tatuar un bigote en un dedo para poder hacer el siguiente gesto:

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Yo le dije que era muy, muy mala idea.

- ¡Cuando se abuela no es lo mismo decir: ‘no hagáis esto’ que decir ‘no hagáis esto’ con el bigote!

Decidimos hacer una encuesta a la gente del bar. Le preguntamos a dos chicos y dijeron que se lo hiciera. Le dije que se lo preguntara a una chica. La chica dijo que no. Luego seguimos preguntando a todo el mundo. Yo les decía que no disimuladamente y si el chico decía que era mala idea, Chelsea soltaba:

- Lo dices porque te gusta ella.

- ¡Chelsea!

Al rato me puse a hablar con uno que iba de Harry Potter y de repente me suelta:

- Ese es el peor acento británico que he oído en mi vida.

- What? Fuck you! I’m from Spain!

En general fue una noche de lo más divertida. Chelsea y yo hicimos oficial que nos lo pasamos muy bien cuando vamos de fiesta juntas. Cuando los bares cerraron por supuesto no había forma de coger taxis y Chelsea se tiró como media hora al teléfono hablando con un millón de máquinas.

- ¡QUE QUIERO HABLAR CON UNA PERSONA!

Puede ser muy frustrante. Todos lo sabemos. Cuando conseguimos volver a casa, Soo y Kelly decidieron repetir lo de ir a comer a mi casa. Por mí genial. Esta vez Soo se fue a dormir a su casa. Más cómodo para todos.

Larga reunión

// Noviembre 5th, 2009 // No Comments » // Gente, Internacionales, clase, fiesta

Me desperté, desayuné, y como estaba resfriada y sabía que el fin de semana iba a ser largo, decidí ir en bus a la universidad.

En la primera clase estuvimos hablando sobre el examen, nada especial. Segunda clase como siempre. Y en la tercera una buena noticia: el lunes y el miércoles no habrá clase. Resulta que el profesor es miembro de ABET y ahora le toca a él ir a comprobar la calidad de una universidad en Virginia. Si queremos, podemos ir a ver otra clase. No creo.

A la una, justo después de las clases, había quedado en el Skybridge con el grupo de Operations Management o sea, Lorraine, la señora, Katie, Annika y yo. Llegué y oigo un ‘hey’. Me giro y era Lorraine. Me senté al lado suyo y para variar me estuvo hablando de que su marido vive en otra ciudad y va a verla los fines de semana. Siempre cuenta lo mismo. En parte me parece normal que sea su principal tema de conversación ya que debe ser lo que más le preocupa pero… llevamos mes y medio de marido en otra ciudad.

Al rato apareció Katie y nos dimos cuenta de que cuando dijimos de quedar Annika no estaba y nadie le había dicho que íbamos a quedar. Bueno, pues sin ella, total sólo teníamos que llamar al chico.

Katie preguntó quién iba a llamar y yo dije que estaba claro que yo no. Lorraine añadió que creía que podía llamar Katie así que… Katie llamó. El chico no le cogió el teléfono y le dejó un mensaje. Durante la llamada se notaba que Katie estaba nerviosa y me miraba en plan ‘no sé muy bien qué decir’, así que cuando colgó le sonreí y le levanté el pulgar. Ella sonrió y pensé: ‘qué fácil es hacer sentir mejor a alguien a veces’.

Luego decidimos que cada una pensaría dos preguntas sobre cada uno de los dos temas de los que tenemos que hablar con el chico ese: inventario y algo sobre horarios, la verdad es que no tengo mucha idea.

Le pregunté a Katie si iba a coger el bus y Lorraine dijo que se iba por el otro lado. Katie dijo que iba a llamar a su hermano para ver si le compraba algo para comer con el munch money (o sea, el dinero que metes en tu tarjeta de la universidad) y luego cogería el bus. El hermano dijo que estaba estudiando y no podía y ella le dijo que ya veía el tipo de hermano que era (en plan broma). Así que fuimos a esperar al bus.

- Me pasó algo horrible ayer.

- ¿Peor que que se muriera alguien en el hostal donde estabais?

- Bueno… más o menos.

Y le conté lo de la muela.

- Uf, a mí es que los dientes…

- ¡Por eso digo que más o menos igual de horrible! Fui al dentista un montón de veces antes de venir aquí, ¿para qué? ¿Para que se me rompa una muela en un mes y medio?

Luego hablamos de los disfraces de Halloween y me contó que iba a ir de Yasmine, la de Aladdin, y que hasta se había comprado un spray para teñirse el pelo de negro. Con lo rubia que es.

- ¿Cuánto dura eso?

- Creo que un lavado… ¡espero!

- Bueno igual el lunes apareces morena en clase.

Luego estuvimos un rato hablando sobre Ha. Le conté que Ha me había dicho por la mañana que si pensaba ir en bus a la universidad me fuera a las 9:20 (mi clase empieza a las 10) para coger un bus con poca gente.

- No me importa que el bus este lleno… ¡no odio a la gente!

- ¡Exacto! Además ¿para qué vas a ir a clase tan pronto?

- ¡Es que es eso!

Seguimos hablando de cualquier tontería hasta llegar a su parada. Yo me bajé en la siguiente, la mía, y a casa. Comí arroz y carne cocinado todo por mí, y me senté aquí a hacer deberes. De repente vi al mensajero entrar en mi stack (o sea, el conjunto de habitaciones que empiezan por 1) y casi tiro la silla al suelo. ¡MI PAQUETE!

Toc…

- ¡Hola!

Se queda mirando la puerta como si esperara dar más golpes. Me da el paquete, firmo en una pantalla digital de esas, y me pide que deletreé mi apellido. Adiós.

Nerviosa vuelvo a mi asiento. Cojo las tijeras para las uñas y corto los celos. Lo primero que veo es un sobre amarillo, lo quito y veo la mancha de tinta. La mancha de tinta que Tegan y Sara (creo que ya todos deberíais haberos situados en Tegan and Sara, pero por si acaso) habían hecho. Incluso se grabaron haciéndolas. 500 manchas de tintas echas por ellas y firmadas. Dentro de un plástico. ¡Qué emoción! Abro el sobre y veo el CD y la pinza que utilizaron para poner la mancha de tinta a secar. Son tan detallistas…

Debajo los tres libros que han escrito y llenado de fotos: On, In, At. ¡¡GENIAL!! Leí un poco uno de los libros (On, creo) y lo metí todo cuidadosamente en un cajón.

Por la tarde Chelsea me había invitado a una fiesta a su casa y por lo visto a Kelly también. Todos los internacionales por alguna razón sabían lo de la fiesta y se acoplaron. Fuimos a casa de Austen de prefiesta que empiezo a pensar que es una buena forma de reunirnos todos antes de coger el bus en un sitio mejor que la parada del bus. Algunos enseñaron partes de sus disfraces. Henrik se disfrazó entero.

Al rato fuimos a casa de Chelsea. Los chicos querían ir al Up&Up antes. Up&Up es un bar donde puedes sentarte a tomar algo pero también puedes comprar latas de cerveza y llevártelas. Cuando llegamos a casa de Chelsea una tía se subió a la mesa de la cocina y empezó a gritar:

- Si no conocéis a nadie de aquí, ¡iros!

Nosotros nos quedamos y empezó a mirarnos fijamente.

- Chelsea.

- Chelsea.

- Chelsea…

Se da la vuelta enfadada y baja de la mesa.

Más tarde me enteré de que le habían robado el iPod esa noche y estaba muy enfadada. Bueno, lo de enfadada ya lo sabía. Nos encontramos con Kelly y Soo que ya estaban ahí. Los chicos decidieron que la fiesta estaba muerta y se fueron a otra fiesta, yo me quedé con Kelly y Soo.

Fuimos a la habitación de Chelsea las cuatro y dos chicos. La casa es enorme. Muy, muy grande y antigua. Muy, muy, muy, muy chula. Al rato volvimos a bajar. Chelsea iba disfrazada de ciclista, que básicamente significa llevar pantalones de ciclista, camiseta por el estilo y casco.  Cuando bajamos ya no había casi nadie y decidimos jugar una partida de beer pong. ¡Gané! Mi segunda partida y gané. Yuhu. Mientras, me llamó un chico que había conocido antes de venir a Washington, le dije donde estábamos y vino. Ahora sí que creo que nadie puede asustarme con un: te conozco de facebook. Iba disfrazado de Batman. Decidimos jugar otra partida pero por lo visto ya no quedaba más cerveza.

Así que Chelsea y yo decidimos acercarnos al Up&Up, con la mala suerte de que eran las dos menos cinco y por lo visto cierran a las dos menos diez. Decidimos volver a casa a decirle a los otros que no había cerveza. Nick dijo que podía llevarnos a ver la mejor vista de todo Bellingham. En un terrado. Fuimos pero por lo visto habían cambiado el cerrojo así que nos quedamos con la vista un piso por debajo de la mejor vista de Bellingham. Y aun así es muy bonita.

Fotos, fotos y más fotos. Decidimos ir a casa de Robert, que había desaparecido pero no estaba. Fuimos a casa de Nick desde donde Chelsea llamó a Robert y dijo que fuéramos en cinco minutos. Salimos, vimos unos columpios y decidimos jugar en los columpios para hacer tiempo. Fue muy, muy divertido. Pero intentando hacerme la valiente con esos aros que te cuelgas de los brazos y tienes que ir caminando de aro en aro, me caí al suelo y mis hermosos pantalones rojos se volvieron rojos y verdes. A todo esto sólo Chelsea y yo quisimos ir a los columpios.

Al rato los otros nos llamaron diciendo que ya era hora de seguir. Fuimos a casa de Robert. Tiene dos gatos que estuvieron atemorizándome toda la noche. Encima Chelsea cogía a uno y con él en los brazos decía:

- No me gustan los gatos, ¿lo quiere alguien?

- A mí no me mires…

Se formaron básicamente tres grupos: Robert se fue sólo a su habitación al ordenador, Nick, Carlton, Kelly y Soo por otro lado y Chelsea y yo hablando de todas las dudas que Chelsea tiene sobre cosas en español. Les encanto a todas las personas que estudian español porque soy una fuente de sabiduría.

Fui al baño y cuando volví Chelsea estaba hablando con Robert medio tumbada en la cama, me senté al lado suyo y seguimos hablando los tres juntos sobre ordenadores, sistemas operativos… muy buena conversación para las casi 5 de la mañana.

De repente me llamó Carlton, que se acababa de ir, diciéndome que se había dejado la máscara y que no podía subir porque se había quedado encerrado fuera. Bajé a llevarle la máscara.

Cuando volví a subir había un gato en mi sitio en la cama. Estuve de pie esperando a que se fuera y cuando por fin se fue me tiré a la cama con tan mala suerte que me pegue un súper golpe en la cabeza.

Justo en ese momento Kelly y Soo dijeron que a ver si nos íbamos ya.

- Ay, qué dolor, qué dolor.

Chelsea: ¿Estás bien?

- No, me muero de dolor.

Kelly y Soo se informaron de lo que había pasado y yo dije en broma:

- ¡Ahora voy a tener que quedarme dos horas despierta!

Chelsea: ¿Quieres que nos quedemos despiertos contigo?

Completamente seria.

- No lo sé, me duele.

Chelsea: También puedes quedarte a dormir en mi casa, mi cama es grande.

Ahí ya decidí que Chelsea es genial porque estaba preocupada de verdad, pero el dolor, menos mal, empezó a bajar y le dije que me sentía cada vez mejor. Soo, Kelly y yo cogimos un taxi y volvimos a casa.

Kelly decía que se moría de hambre así que decidimos que vinieran las dos a mi apartamento a comer algo. Soo trajo comida y yo le presté que usara los utensilios (porque luego limpio ella) y un poquito de aceite. Se prepararon unos sandwiches y comimos crackers (o galletitas saladas).

Soo me dijo que su compañera de habitación le había pedido a ver si podía tener la habitación para ella sola esa noche porque venía su novio y ella había contestado que sí, que dormiría en el sofá pero que el sofá ahora estaba lleno de gente durmiendo. Total, que a ver si podía dormir en nuestro sofá. Sí, claro.

Así que fue a su casa a lavarse los dientes, Kelly a su casa a dormir y cuando volvió Soo me fui a la cama.